sábado, 6 de septiembre de 2014

Nicanor Parra: "Hamlet era un pornogalán"

Fueron dos horas de conversación distendida con el poeta en su casa en Las Cruces, en las que deambuló por los temas que lo inquietaban a dos días de cumplir un siglo de vida.  

por:  Felipe Edwards del Río Diario la segunda
viernes, 05 de septiembre de 2014

Foto PIN CAMPAÑA
img
A dos días de cumplir 100 años, Nicanor Parra aceptó recibir tres visitantes de Santiago: dos amigos suyos -uno de ellos, Matías Rivas, director de Publicaciones de la casa editorial de la Universidad Diego Portales- y un periodista de La Segunda. Llegamos sin temas ni agendas preparadas, sólo el placer de conversar sin rumbo definido.
Frente a la casa de la calle Lincoln de Las Cruces, está estacionado un Volkswagen Escarabajo de los originales, que muestra señas de sus años en el aire marino. Los tablones blancos sobre un muro bajo de piedra están cubiertos por decenas de dibujos de niños de un colegio cercano, obsequios que flamean en el leve viento del mediodía.
Rosita Avendaño, la mujer que lo cuida de invasores inesperados, abre la puerta de la cómoda casa de dos pisos. Nos lleva hacia el living, donde el poeta nos recibe desde un sofá con vista a la playa de Las Cruces y una mesa de centro con una decena de libros y un cuaderno de páginas sin renglones con sus últimos escritos.
Ante los saludos y expresiones de gratitud por su invitación de quien ya conoce como un angloparlante, Parra contesta en ese idioma que él goza: All the pleasure is mine . Por favor, make yourself at home .
Muchos han comentado sobre lo excepcional que es su memoria, y esta tarde lo demuestra con su capacidad de reproducir con perfecta exactitud no sólo diálogos de Shakespeare, sino canciones populares de la Primera Guerra Mundial.
Hablar inglés lo lleva a preguntar por lo que llama la payasada de Inglaterra. ¿Qué hacemos con las islas británicas?, pregunta. Un poco perplejo, le digo que ahí están por separarse, que Escocia está considerando independencia.
Parra mira al cielo y se concentra. ¿Cómo es?, pregunta, y antes de preguntarle cómo es qué, encuentra la referencia que buscaba y empieza a cantar . It´s a long way to Tipperary, it's a long way to go. It's a long way to Tipperary, to the sweetest girl I know!
Ante expresiones de aprecio, no se detiene. Goodbye to Piccadilly, goodbye Leicester Square. It's a long, long way to Tipperary, but my heart's right there . El tema de siempre, dice. El tema del amor no correspondido.
Pregunta por El Mercurio y le explico que está muy bien y que por los últimos años he trabajado en La Segunda. Después te van a tirar para esto, dice. Este es un diario propiamente tal", e indica hacia un ejemplar de El Líder de San Antonio en la mesa.

Buenas noticias y mala publicidad


El tema de los diarios lo gira en dirección a las noticias. ¿Cómo decían en esa época?, pregunta . Good news. Even bad news is good news . Eso decían, le sugiero, y también There's no such thing as bad publicity .
Eso es lo que andaba buscando, dice. Pero su mente ya nos sobrepasa. La publicidad, indica, es un fenómeno. Que sin esos artefactos habríamos desaparecido hace 30 años. De ahí sacaba fuerzas, dice, para hacer algunos chistecitos, parecidos pero muy inferiores al de que no existe la mala publicidad.
Pero el número uno es éste, dice. Se concentra, y luego declara: Stop walking, your future is behind you (Pare de caminar, su futuro está detrás de usted). Entonces tú mirabas para atrás, dice, y tenían razón. Lo que se veía, ¡Bank of America! ¡Ayaiyai!
Las observaciones de Parra están salpicadas con esas expresiones de asombro, que parecen ser genuinas e histriónicas a la vez. Conversación como teatro.
Ante la idea de los comerciales y estar perseguido por bancos, Parra observa que los poetas y los literatos quedaron muy atrás. Se quedaron con la luna y las estrellas, dice, no pasa nada en la poesía lírica, ni siquiera con el romanticismo y tampoco con el surrealismo.
Matías Rivas le propone que son lo mismo, igual de líricos.
Liricoides, exclama Parra. ¡Chuuupalla! Recuerda que en una época hizo el verso "'Aló. ¿Con la Casa de la Cultura?', 'Sí, conchaetumadre'". Nos reímos todos. Pese a la familiaridad de este "chistecito", en el contexto de una reacción a la poesía lírica o surrealista parece nueva.
Hablamos de la exposición Parra 100, en el GAM. Matías cuenta que su hijo de 10 años se hizo el chistosito en el colegio. Hizo una declamación sobre quién es Nicanor Parra, y luego recitó ese artefacto. Sus compañeros quedaron felices, pero no su profesor.
Ese profesor es anticuado, declara Parra. Es del siglo pasado.

El centenario


El tema de su centenario parece no impresionarlo directamente. Lo observa como un espectáculo que le ocurriera a otra persona. A un lado del ventanal que da a la playa cuelga un afiche de la Segunda Feria Literaria de Las Cruces, como un evento cultural al cual él hubiera asistido.
Eso se hizo allá abajo, dice, indicando la playa. Lo que quedó de todo eso fue una medalla, que dicen que es de oro. Habría que ver, ¿ah? Hay que morderla, pues. Hay que echarle jugo de limón. Así lo hacían antes, con jugo de limón.
Le sugiero que tal vez habría que practicarle un poco de alquimia, para convertirla en oro si no lo es.
Alquimia, responde, y rápidamente agrega: alquimistas del mundo unidos, ¡antes que sea demasiado tarde! Eso lo tengo yo, dice, con distintos sujetos. No se puede perder, anuncia, y lo escribe en el cuaderno frente a él. Alquimistas del mundo unidos, antes que sea demasiado tarde, lee, y rápidamente agrega: dijo el otro.
Esto no lo digo yo, aclara. El otro dijo "el otro". Explica que la frase viene de un alcalde que pensaba que lo iba dejar callado. Vino a felicitarlo por algún premio, y Parra le respondió que muchas gracias y que peor es mascar lauchas. El alcalde, mirando para el lado, salió con el "dijo el otro". Agrega que los huasos contestan así, que dejan al otro en su lugar, pero sin ofenderlo. To be or not to be. That is the question , dijo el otro.

Frases hechas


La conversación se enfoca en las frases hechas. ¡Qué maravilla!, sentencia Parra, y comenta que antes los críticos enseñaban que había que rehuir de todas las frases hechas.
Relata como después de esa sentencia, él se empezó a batir con frases hechas y nos dimos cuenta de que "era mejor negocio". La cabrería chica aplaude, dijo, pero los viejos, no.
Reconoce que sus frases hechas tenían una vuelta, y agrega que antes llamaban a eso "una vuelta de tuerca". Esa es otra gran frase hecha, sentencia.
Rivas le pregunta si los endecasílabos que él emplea son similares al verso blanco de Shakespeare. Depende del profesor con quien uno esté hablando, dice. Muchas de las frases hechas están en endecasílabos, pero otras, las de abajo, eran de ocho sílabas. Abajo, mester de juglaría, ocho; arriba, mester de clerecía, catorce sílabas.
Y entre los dos extremos, dice, la clase media usaba once sílabas. La comunicación en la feria era de once sílabas. La jerga hablada chilena también era de once sílabas.
Cuenta las sílabas en unas frases; sentencia que aquí llegamos al problema de los problemas: no se trata de las sílabas, lo que verdaderamente cuenta son los acentos.
El "dijo el otro" no se cuenta entre las sílabas. Ahí es al lote, y se dice con la lengua afuera. Es un apostillador. Ese es un jig-maker, dice, refiriéndose al tercer acto de "Hamlet", cuando Ofelia le dice a Hamlet que él está de buen humor. Hamlet le responde que Dios es el mejor humorista (jig-maker) de todos. Qué más se puede hacer, le pregunta Hamlet, si su madre se ve tan alegre tan poco tiempo después de la muerte de su padre.

Regalos privados, libros públicos


Le presento un regalo envuelto en papel con una pintura veneciana, y proclama que se ve bien eso, muy, muy lindo. Después lo abrimos, dice. Eso no se abre en público.
También le entrego dos libros del físico Richard Feynman. Parra lee las reseñas reproducidas en la carátula de libro: Funny , brilliant , bawdy , dice The New Yorker. ¡No se puede pedir más!, dice Parra. Le explico que el libro relata incidentes de su vida que Feynman había relatado a sus amigos. ¿Está vivo?, pregunta. Al saber que no, señala que mueren también estos inmortales. A veces, algunos, le responde Matías Rivas. Dijo el otro, agrega Parra.
Mira a la imagen de Feynman de unos 50 años en la carátula del libro, y proclama que creía que la foto era de él mismo. No son disímiles. Se encuentra parecido a Feynman en la manera de vestir, en el peinado. Ahora somos todos iguales, dice con algo de decepción.

Todos querían ser galanes de cine


En la portada del libro "Parra a la vista", editado por su nieto Cristóbal Ugarte (el Tololo), la imagen de Parra poco pasado de los 50 años podría confundirse con la del actor Rex Harrison en la misma época.
Esa era la idea, dice Parra. Había que parecerse a un galán de cine. Y con nombre y apellido tenía que ser. A Rodolfo Valentino o a Clark Gable. Eran dos o tres nombre no más, dice, y los demás basura.
Rivas observa que ahora los actores tratan de vestirse como pobres. No hay artistas de cine, agrega Parra. Ahora hay empresarios, no más. O emprendedores.

To think or not to think...


El segundo libro que Parra examina contiene el texto de clases que Feynman dictaba a alumnos de primer año de Física de la Universidad Técnica de California en los años 60. Eso era anterior a la mecánica cuántica, observa Parra. Anterior a la teoría de las cuerdas, al efecto mariposa (teoría donde un cambio mínimo puede tener efectos enormes dentro de un sistema complejo, como el movimiento del ala de una mariposa podría eventualmente producir un huracán). Con el butterfly effect , opina Parra, pasaron a pérdida Einstein y Cía Ltda.
Yo recuerdo, dice, que en las universidades norteamericanas primero suprimieron la filosofía y la historia literaria. Basura. Antes era obligatorio, y después cambió. Suprimieron las matemáticas y la física teórica, como basura. Es que ya se estaban pasando de analógicos a digitales, eso era lo que estaba ocurriendo, explica.
Según Parra, ahora todo lo que cuenta es usar iPads y pantallas. Son los dedos los que mandan. No la mente. No hay para qué pensar. Dios saaanto, se queja.
Le pregunto si no hay para qué pensar porque está todo en las pantallas.
En el archivo pues, responde. En el archivo colectivo, al que tienen acceso todos. No deja de ser un señor principio.
Le propongo que el tener acceso a información no es lo mismo que pensar o leer o agregar al archivo.
Parra no cede. Es que no hay para qué volver a pensar eso si ya está pensado. Ahí está la respuesta, dice. No hay para qué volver a pensar la ecuación E=mc {+2} . Está todo aquí.
¿Y cómo se piensa entonces?, le pregunto.
That is the question. That is the problem , dice con un tono pensativo . To think or not to think, that is the question . La cabrería chica no piensa, ¿ah?
Rivas le cuenta de jóvenes que salen de edificios con sus laptops a las calles y se instalan donde hay señales gratis de internet. Ahí, con sus aparatos electrónicos se comunican con personas en cualquier otra parte del mundo, pero no conversan entre ellos. Hay que llorar, no más, en homenaje a nuestro pasado remoto, sentencia Parra.

Los chistositos


Parra examina la portada del libro "Surely, you're joking, Mr. Feynman? Adventures of a Curious Character". El norteamericano, Premio Nobel de Física en 1963, se destacó por su excentricidad y gran sentido de humor.
En ese tiempo, recuerda Parra, muchos intelectuales se presentaban como jig-makers. Ante la pregunta "Ahora, ¿qué?", respondían jig-making. Es decir, chistosear.
La palabra es de origen isabelino y no se entiende en el inglés contemporáneo. Pero Parra la emplea con la familiaridad de, por qué no decirlo, cualquier frase hecha.
Sin tener su desenvoltura con los textos de Shakespeare, le pregunto si no quiere decir joke-making.
Como un profesor paciente me pregunta: ¿Te ubicas con el diálogo? Escucha. Y procede a reproducir línea por línea la escena de Hamlet y Ofelia de la segunda escena del tercer acto.
Horas más tarde en Santiago, y con archivos electrónicos a mano, me daré cuenta de que ha recitado el intercambio entre ambos personajes sin equivocarse en una sola palabra.
En Las Cruces me explica que primero habla Hamlet: Lady, shall I lie in your lap? Ofelia, dice Parra, está en ese momento con las piernas abiertas, y en una época en que las mujeres no andaban con pantalones.
Cuando Ofelia escucha esta pregunta, dice Parra, ella responde No, my lord , y junta las piernas. Hamlet -que era un "pornogalán", según Parra-, vuelve al ataque, y le dice I mean my head upon your lap? Eso sí, le contesta, Ay, my lord . Él vuelve al ataque. You thought I meant country matters? Parra queda impactado por la línea: Ay ay ayyyy. Oooohh. Explica que country se pronuncia de dos maneras, con count o con cunt . Entonces ella escucha eso, dice I think nothing, my lord , y vuelve a juntar las piernas. El desgraciado, dice Parra, vuelve al ataque, y dice That's a fair thought to lie between maids' legs .
Explica que todo esto es jig-making. What is, my lord? , responde ella, que se hace la que no entiende...
Porque no puede mostrar que entiende esas palabras y ser dama al mismo tiempo, le pregunto.
Claro, responde. You are merry, my lord . Ahora Ofelia se da vuelta 180 grados. Ella toma la iniciativa. Usted amaneció chistosito le estaría diciendo. Y él contesta, muy confundido y aproblemado, Who, I? Ella le responde Ay, my lord .
Y es ahí donde Hamlet le responde Oh, God, your only jig-maker. What should a man do but be merry.
Ahhh, concluye Parra. ¿Qué otra cosa se puede hacer aquí si no es un buen chiste?. Ay ay ayyyyy. Espantoso, dice. Horrendo. Se repite la pregunta 400 años después: "Entonces, ¿qué?".
___

Saludo a Nicanor


“En sus años de madurez, Nicanor adquirió un tono único, que no es fácil definir: coloquial, amistoso, burlón”.

Por Jorge Edwards
He escrito muchas veces, decenas de veces, sobre Nicanor Parra. He visto a Nicanor en muchos lugares, he conversado con él de temas innumerables, hasta de la física de Newton, he viajado en compañía suya en diversos momentos. Ya no recuerdo si él participó en un viaje en tren a un bautizo del hijo de un alumno de Jorge Millas, en unas tierras del sur. Jorge Millas era filósofo, ensayista, profesor de Filosofía. Era personaje de muchos poemas de Parra, como Luis Oyarzún Peña, como Enrique Lihn. Todos ellos figuran en los versos de Aunque no vengo preparado, sección de una antología en lengua inglesa de sus poemas. En sus años de madurez, que han sido largos, Nicanor adquirió un tono único, que no es fácil definir: coloquial, amistoso, burlón sin hacerle demasiado daño a nadie, íntimo, nostálgico. Es un maestro de la tomadura de pelo, de la que no se salva casi nadie, y suele hacer “desconocidas” más o menos serias. Pero sería una tontería ofenderse. El poeta es cultivador apasionado de una amistad a la criolla, sin afectación, con franqueza, con evidente fidelidad, con episodios mejores y peores. Recordemos que es un lector intenso del Martín Fierro, una de las expresiones más originales de la poesía popular en América Latina. Si Nicanor se agarra la cabeza a dos manos y la mueve en forma negativa, es mal asunto. Uno entra con Nicanor en terrenos familiares, muchas veces transitados, pero donde nunca faltan las sorpresas. Hemos discutido con él sobre espacios que ahora llamarían virtuales y sobre instituciones imaginarias, como el Instituto de la Maleza y la Sociedad Gagá de Chile. ¿Saben ustedes quién era el presidente perpetuo de la Sociedad Gagá? Lo diré cuando cumpla yo los cien años. También nos empeñábamos en repetir las reflexiones, las frases, las opiniones de un personaje inventado, el AntiNiño. El AntiNiño era una invención llena de facetas reales, de cosas de la vida cotidiana llevadas a extremos.
Participé poco en la confección del Quebrantahuesos, que se hacía con diarios atrasados desplegados encima de una mesa y con poderosas tijeras. Los más asiduos eran Alejandro Jodorowsky y Enrique Lihn. Pero leía siempre los resultados escritos y pegados, que se mostraban en un rincón de la calle Ahumada, cerca del antiguo Waldorf y más o menos al frente del Café Haití, donde los poetas de La Mandrágora exploraban el horizonte urbano con miradas entre altaneras y distraídas: Firma acreditada necesita –36 burros– para trabajo oficina y traducciones.
Los recortes del Quebrantahuesos podrían haber continuado hasta hoy mismo; los lectores, que se aglomeraban y no dejaban circular por la vereda se habrían renovado a lo largo de las generaciones.
El día 31 de diciembre del año 1967 viajamos a Cuba vía Amsterdam, por el camino más largo, como había que hacerlo entonces a causa del bloqueo. Me acuerdo de la fecha exacta porque celebramos el Año Nuevo durante el viaje. El grupo de gente del mundo del arte que viajaba a participar en los jurados literarios de la Casa de América y en el Congreso Cultural de La Habana éramos Nicanor Parra, Gustavo Becerra, Fernando de Szyszlo y el desubicado autor de estas líneas. Por razones de clima, no pudimos aterrizar en Amsterdam, seguimos viaje a París y perdimos una de las combinaciones a La Habana. Después nos hicieron bajar a Madrid y tomar un avión que hacía la ruta por el aeropuerto canadiense de Gander. Recuerdo caminatas por el sector madrileño de San Antonio, verde selva de boinas negras, alpargatas, bastones, que discutían con furia singular sobre ya no recuerdo qué asunto. En una de esas la poesía de Vicente Huidobro. ¡Qué tiempos, qué pláticas interminables, qué carcajadas! Y de repente sobrevenía una tristeza: Violeta Parra había muerto hacía poco y Nicanor le había dedicado unos versos inspirados en las célebres estrofas de pie quebrado del poeta renacentista Villegas: Dulce vecina de la verde selva… Violeta Parra (en lugar de céfiro blando). Algunas personas de visión corta acusaron a Nicanor de plagio, como era de esperar.
He conocido a otros escritores centenarios: a Ernst Jünger, que murió de 103 años, sólo en la lectura de su obra, y a Francisco Ayala, amigo mío desde 1958, conocido en conversaciones del campus de la Universidad de Princeton. Cuando me dieron el Premio Cervantes, la primera persona a quien fui a visitar en su departamento de Madrid fue Paco Ayala, que había votado por mí muchas veces y que entonces ya estaba a un paso de su centenario. Celebramos la ocasión con whisky de la mejor clase y salí con la impresión de que la bebida de Escocia hace muy bien a la salud.
Ahora me alegro de la maravillosa salud, biológica y del espíritu, de Nicanor, y brindo por él desde mi rincón frente al cerro de Santa Lucía, en espera de poder visitarlo en semanas un poco más tranquilas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Cristián Warnken escribió en vísperas del centenario del natalicio de Nicanor Parra


un homenaje en su honor.
Un comentarista del blog asociado
a dicha columna, de nombre 
Leonardo Godoy Echeverría comentó:

A propo de poetas, 
conocí en casa de mi hija en Valparaíso 
a Claudio Bertoni, un sencillo poeta de Concón. 

Mi nieta de diez años le dijo : 
"oye, yo me sé de memoria un poema tuyo"... 
rió y le contestó...ya pues, echa afuera...

"Me gustaría ser un nido si fueras un pajarito
me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío
si fueras música yo sería un oído
si fueras agua yo sería un vaso
si fueras luz yo sería un ojo
si fueras pie yo sería un calcetín
si fueras el mar yo sería una playa
y si fueras todavía el mar yo sería un pez.
y si tú fueras mermelada
yo sería el durazno de la mermelada
y si yo fuera un durazno
tú serías un árbol
y si tú fueras un árbol
yo sería tu savia y correría
por tus brazos como sangre
y si yo fuera sangre
viviría en tu corazón."

Y Claudio, abrazándola, comenzó a llorar...
musitando despacito..."vale la pena, vale la pena"...

domingo, 31 de agosto de 2014

Volver a los 101‏

La historia la cuenta el integrante 
de una de las antiguas familias 
de Las Cruces, José Pablo Jorquera.

Tras saludar cortésmente 
a Nicanor Parra,
uno de los niños del pueblo
ya se perdía por la esquina
cuando el llamado del antipoeta
lo hizo volver sobre sus pasos.

«¡Cómo me dice don Nicanor!», le espetó Parra.

«¿Y cómo quiere que lo llame?»,
inquirió, extrañado, el menor.

«Depende», le respondió.

«Si es de mañana, salúdeme
con un 'buenos días,
viejo c... madre», agregó.

«El niñito , que es hijo de un amigo,
no quiso pasar más por ahí.
¡Sale con cada cosa, 'don Nica',
por su carácter!», relata,
entre risas, Jorquera.

Diario El Mercurio, sábado 30 de agosto de 2014

.......


Volver a los 101
por Liberty Valance
Diario El Mercurio, Revista Sábado, 30 de agosto de 2014

Estoy detrás de la ventana
miren al segundo piso
a ese viejo mirando de lado
y también aguaitando
tapado con el visillo
con gorro de lana
bufanda tipo chalina
y un grueso abrigo:
en otras palabras
estoy como tuna

El sábado golpeó la puerta
un periodista de Concepción
quería entrevistarme
el muy huevón

El domingo un rector camote
me hice el desentendido
me echó encima la Séptima Caballería
quería hablar de Kant
respondí con señales de humo
Heidegger me gritó
está equivocado pregunte al lado
entonces Wittgenstein
la tuya por si acaso

El lunes una estudiante inocente
ándate con cuidado
insistente la cabra chica
toma esta bolsa de pan
cruza la calle
es para calcular
no llegaba al suelo
la gente crece en un año
te recibo a los 101
pero trae la bolsa de pan

El martes se dejó caer la ministra
quería repartir la torta
un documental pedían los perlas
una foto para el recuerdo
un souvenir del poeta pícaro
una firmita de la Presidenta
un abrazo la ministra
quería repartir la torta
le dije que lo mío era el pan de huevo
el colesterol del bueno lo tengo malo
el malo peor que nunca
estoy achacoso
soy poeta de barquillos
así que váyase con la torta a otra parte

El miércoles vino un lingüista
le saqué la lengua larga
era algo con el metalenguaje
le tiré aceite hirviendo
quería verme el subtexto
merece un peñascazo
tocarme la semiótica
cachetearse con la sintaxis
sapear la arquitectura interior
le dije que no a todo
para degenerado el dueño de casa.

El jueves por la mañana llamó Gumucio
me cae bien y no le entiendo
él tampoco se entiende
yo no le hablo
así es fácil la conversa
me trata de tú
yo de usted
así que me lo cagué;
me cae bien el chico
porque cabe en cualquier parte
no ocupa espacio
es un lujo para los detalles
anda a la que salta
se me hace el tonto
yo sé la verdad
me cae bien el chico Gumucio.

El jueves por la tarde
me paro en la cocina
la tetera está que arde
casi me quemo
el jueves por la noche
cuento años meses días
99 coma 99
a medianoche el despertador
imagino un título de diario
"Viejo verde se quemó en la puerta del horno"
no era telúrico ni amoroso
ni creacionista ni surrealista
ni lárico ni experimental
era un poeta quemado.

Para el viernes dejé un cartel
por fuera de la puerta
igual la fecha es importante
quiero escribir algo trascendente
no estoy para discursos
pero sí para confesiones
"Cuidado: el poeta es bravo y muerde"
así que dejen los regalos nomás
hoy no se fía ni se abre
mañana tampoco
no quiero que se vayan a la cresta
pero sí que se despidan de a uno
acá no entra nadie
está abierto por duelo.

Diamela Eltit: «Nicanor Parra, el profesor que nunca llegó tarde y que como le digo ahora, el hombre de carne y hueso, es extraordinariamente apuesto. Y ese primer lugar, a sus cien años, no se lo quita nadie».‏

Imágenes de un pasado que no termina de transcurrir
El profesor nunca llegó tarde

"Se podría pensar que él mismo se construyó como un artefacto o como parte de un antipoema activo", dice la escritora chilena acerca de Nicanor Parra, de quien fue alumna en los años setenta en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile.  

Diamela Eltit 

Diario El Mercurio, Revista de Libros, domingo 31 de agosto de 2014

Es interesante pero a la vez complejo el ingreso a los dominios públicos de categorías que permiten re-leer signos que permanecían indeterminados o insumisos antes de que la pulsión clasificatoria capturara escenas y escenarios. Desde esa perspectiva, actualizando las imágenes de un pasado que no termina de transcurrir, me atrevería a afirmar (con reparos por acudir a una ortopedia cultural) que Nicanor Parra, su persona, consolidó lo que hoy se podría señalar como una presencia performática fundada en una precisión, es un decir, científica. Su opción por una determinada teatralidad de sí fue crucial para la construcción del personaje vivo que hoy representa y se celebra.
Su presencia de superstar se organizó desde una estructura que no dejó de lado la austeridad (deliberada) del provincianismo agrícola. Se podría pensar que él mismo se construyó como un artefacto o como parte de un antipoema activo. Esa es la imagen que percibí del profesor y poeta Parra, como le decía mientras fui alumna del Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile en los años 70, ese tiempo del silencio y de la ocupación.
Como la alumna que fui -sitio de observación privilegiada-, pude percibir en ese preciso período cómo él, desde el lugar académico, buscaba establecer (con vehemencia) su filiación literaria, básicamente a través de pensar y repensar a Carlos Pezoa Véliz, poeta de las "vidas mínimas" y perfecto sintetizador de la melancolía chilena. Una y otra vez, Parra, como le decía en ese tiempo, volvía sobre Carlos Pezoa Véliz para hablar en realidad de sí mismo o para encontrar antipoesía, la de él, en la poesía nacional o para situar el inicio de su genealogía en la dirección de un proyecto, es un decir, "micro". Lo no dicho pero sin embargo presente era la también poderosa poética de Neruda, una poética que Nicanor Parra, como le digo ahora, había pensado de manera muy compleja y prolongada.
Carlos Pezoa Véliz era el objeto preferencial en esas clases donde Parra, como le decía, con su particular procedimiento, llevaba a cabo su performance, plagada de silencios expectantes donde también establecía ciertas afirmaciones lapidarias e inolvidables por su exactitud: "una cosa son las metáforas y otra los metaforones", y a continuación acudía a ejemplificar su sentencia con un conjunto de versos que ilustraban una u otra característica.
Pero más allá de los metaforones o de Carlos Pezoa Véliz o del profesor Parra mismo, como le decía, estaba la obra-Parra, en ese tiempo ya completamente consolidada, porque la antipoesía habitaba los centros del canon local. Esa obra-Parra que amplió los registros poéticos y se inscribió velozmente en los imaginarios, en parte, debido a que los imaginarios locales ya la conocían porque sus materiales provenían de los usos de la cultura misma y eran sometidos poéticamente a una cuidada y sofisticada reelaboración. Se trataba de incorporar las paradojas y tensarlas. Se trataba de darse una vuelta de carnero para salir o no salir indemne. No importaba. Un cuerpo textual nuevo se había hecho presente que trabajaba los opuestos y los mantenía en un perfecto equilibrio.
La antipoesía ya había irradiado sus marcas en otras escrituras donde Parra, como le decía, extendía sus huellas. Pero, por otra parte, en las infaltables e infatigables conversaciones de estudiantes de literatura o en círculos poéticos abundaban una serie de lugares comunes que oponían poéticas de manera muy básica o ingenua (por ejemplo, Parra-Neruda). Nunca compartí esos planteamientos ni los comparto en el presente, pues considero al espacio literario como una trama o un tapiz que tiene diversas hebras y que, en su conjunto, y gracias a la potencia de las propuestas, configuran el gran sitio de la escritura que, a su vez, posibilita su incremento con los signos del porvenir.
Pero me parece pertinente señalar que Parra, como le decía en ese tiempo, no puede ser aislado de "los Parra" de esos años. Por un azar, en esa época, había conocido a su hermana la cantante Hilda Parra en el liceo de la población José María Caro, donde yo trabajaba como profesora secundaria; por supuesto, estaba la gran obra de Violeta y sus hijos Isabel y Ángel, su hermano Roberto, pero también Parra, como le decía, acostumbraba a ir a la Universidad con sus hijos pequeños, Colombina y Juan de Dios, y también su hija mayor, Catalina, objeto de un antipoema vibrante que sus alumnos conocíamos muy bien. "Los Parra" operaban como un conjunto realmente homogéneo, pero simultáneamente heterogéneo en la medida en que sus desplazamientos podían ser leídos de manera individual, pero a la vez como una tribu particular que se extendía de manera rizomática por los espacios: desde los pueblos, los circos, las peñas, las poblaciones emblemáticas, hasta llegar a la academia chilena.
En cierto modo, "los Parra" estaban en todas partes (hoy siguen su deambular por la diversidad de sitios culturales), pero, claro, Parra, como le decía, era el protagonista de mi escena como estudiante de literatura y necesariamente me obligaba a pensarlo a él mismo como la antipoesía a la que aludía en sus clases. En cierto modo, percibí entonces -y no dejo de pensar que quizás estaba equivocada- que su propia propuesta lo agobiaba, lo obligaba a representarla cada vez, lo empujaba a pelear en contra de "molinos de viento" (principalmente Neruda) o en contra del sinsentido o a favor de las expectativas de los otros que esperaban de manera no demasiado sutil una iluminación o un momento verdaderamente sagrado. O, lo peor, desfallecían por una muestra definitiva de su ingenio.
Pero Parra, como le decía al profesor de esos años, parecía tener una capacidad excepcional para sortear todos los escollos y sostener su personaje. En parte algo de él apelaba a la construcción -"Obra Gruesa"- y a una apropiación de los espacios mediante la extensión de sus "Artefactos". Hoy su obra, más allá de las legítimas diferencias críticas que pudiera suscitar, está en pleno movimiento. Refulge. Se incrementa. Aunque hay que reconocer que la pasión beata de sus fans puede causar saturación por los efectos miméticos que caracterizan a parte de nuestro medio cultural.
Pero no quiero terminar este insuficiente recuento sin reconocer un punto preciso en que el antipoeta (en relación a nuestro medio literario) lleva toda, pero toda la delantera del mundo: Nicanor Parra, como le digo ahora, el hombre de carne y hueso, es extraordinariamente apuesto. Y ese primer lugar, a sus cien años, no se lo quita nadie.

Nicanor Parra, el tiempo no ha borrado nada‏

Cumpleaños Viernes 5 de septiembre
Nicanor Parra, el tiempo no ha borrado nada


Diario El Mercurio, Revista de Libros, domingo 31 de agosto de 2014

Para celebrar los cien años de Parra, presentamos un recorrido por su obra poética a través de las críticas de Ignacio Valente y del comentario de Hernán Díaz Arrieta, Alone, sobre su revolucionario libro Poemas y antipoemas , que cumple, a su vez, sesenta años. Además, un fino recuerdo de su faceta de profesor y una evaluación de su último libro, Tempora l, escrito en 1987 y recién recuperado.  

 null La antipoesía como liberación
La innovación de los antipoemas
Desde la aparición de Poemas y antipoemas en 1954, el horizonte de la poesía chilena está dominado por la presencia de Nicanor Parra. Toda una forma de poetizar, toda una tradición de lenguaje lírico, y aún toda una manera de entender la poesía, fueron cuestionadas por el impacto purificador de esta nueva poética en ejercicio. Fue una liberación que necesitaba, que secretamente deseaba nuestra lírica. Tras haberse cultivado hasta el límite la exploración formal de la palabra y de la metáfora, de la sugerencia, del matiz, de la oscuridad alusiva, el lenguaje agonizaba casi en la dorada prisión de la retórica y del mecanismo. Las deseables revelaciones del acto poético ya no se entregarían a la astucia de la metáfora, a la dudosa magia de una nueva combinatoria verbal. El torbellino de los Poemas y antipoemas , esa ola desatada de higiene literaria, vino por otro camino: la irrupción de la realidad inmediata, de la experiencia vivida, de la fantasía grotesca, del humor negro, de lo convencionalmente prosaico, de lo descaradamente no lírico. Siguió, en este sentido, el rumbo de las mejores revoluciones literarias: todo puede decirse en poesía, todo debe decirse, no hay zonas prohibidas, no hay trucos privilegiados, no hay trances. Sólo la audacia y la ironía, sólo el coraje y el sarcasmo, las virtudes supremas de la antipoesía.
De "Canciones rusas", 9 de julio de 1967.
El retorno a la claridad
La antipoesía se alimenta del desgaste de una tradición poética precisa, cuyos desechos utiliza con ingenio sarcástico: la tradición que proviene del simbolismo, pasa por la poesía pura y el surrealismo, y termina en el cansancio de las imágenes herméticas, en la delicuescencia de los "metaforones" del 38, en las coartadas de la oscuridad lírica. En los años cuarenta y cincuenta, cuando nuestros poetas se entregaban de lleno a estos malabarismos, Nicanor Parra se preservaba en un incomprendido y socrático escepticismo, disfrazado tras la modesta claridad de la poesía popular. Sólo alrededor de 1948, con la aparición de los primeros antipoemas, se manifestaría en plenitud la feroz creatura antipoética que se empollaba en aquellos inofensivos versos de trovador. Su reacción operó a través de dos mecanismos esenciales: la ironía, que cuestiona y desmitifica el contenido de las experiencias sublimes, y el prosaísmo o el acercamiento límite del poema a la prosa, que cuestiona el lenguaje de los grandes lirismos herméticos.
De "Los 70 años de Parra", 11 de noviembre de 1984.
El prosaísmo a ultranza
El procedimiento verbal de esta purificación ha consistido en acercar el lenguaje poético a la prosa hasta un punto límite. El prosaísmo a ultranza, cuando resulta como poesía -he allí la gran dificultad- es justamente una prueba del valor poético de una experiencia. Significa que ésta, para encerrar un destello de poesía, no necesita atraparlo en la astucia de una combinación verbal, en los adornos de la imagen o de la música. La poesía ya no residirá en lo "poético", en el ornamento del decir literario, sino en una virtud más interior -también verbal, sin duda- que resiste a los despojos y austeridades de la prosa desnuda.
De "Obra Gruesa", 1 de junio de 1969.
Los hablantes dramáticos
Quien habla en la antipoesía ya no es aquel Ego poético desmesurado de las vanguardias de la época, el Poeta Vidente sagrado, el dios de los abismos, el místico nocturno, el Centro del mundo por derecho propio, el protagonista cósmico a quien suceden cosas extraordinarias, sino el hombre de la calle, el sujeto común y corriente en quien todos podemos reconocernos.
Más aún, el poeta se multiplica como un ventrílocuo en sus voces dramáticas diversas: un energúmeno, un alma en pena, un predicador callejero -el Cristo de Elqui-, un difunto desde la ultratumba, un orador de sobremesa... En forma paralela, los subgéneros verbales menos literarios son promovidos por Parra al rango de alta poesía: la crónica policial, el noticiario, el test escolar, el aviso de publicidad, el formulario, el letrero, el discurso de ocasión.
De "Antipoesía completa", 29 de octubre de 2006.
Adiós a los espacios literarios
"Artefactos" se llaman estos trozos poéticos, resumidos y cargados al máximo, que en una época de prisa y estridencia quieren provocar, también ellos, con una o dos frases la conmoción sintética de libros enteros.
La idea conductora de estos experimentos verbales consiste en terminar con los "espacios literarios", con la complaciente convención del poeta-que-escribe-poesía y del lector-que-lee-poesía, taumatúrgicos personajes que se comunican en un ámbito cargado de aceptaciones tácitas, de señas literarias: de "cultura". El antipoeta quisiera terminar con la usanza poética, con la literatura, con toda impostación de voz, con todo esfuerzo de "composición" de un texto, aún el que incluían sus propios y corrosivos antipoemas, que, buscando ya está depuración, entraban sin embargo en la costumbre de los "desarrollos", del "estilo", de la "expresión", y de otros "mitos" clásicos y románticos.
De "Los Artefactos de Parra", 27 de septiembre de 1970.
Política en la cuerda floja
La poesía política de Parra es muy esencialmente una "literatura del trapecio" y también, si queremos, del baile en la cuerda floja: "La izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas".
Esta versatilidad ideológica ha valido al autor, desde cierta izquierda, el reproche de "payaso de la burguesía". Es lo previsible para un autor que dispara casi simultáneamente contra los cuatro puntos cardinales, que vive rompiendo los esquemas y las etiquetas, y que apenas se dejará tipificar con el vago título de anarquista.
De "Poesía Política", 18 de diciembre de 1983.
Lo que dijo AloneSobre "Poemas y antipoemas"
(Nicanor Parra) es un poeta admirable.
Nada más impetuosamente libre que su verso. En todo instante se le siente el impulso espontáneo y como un "goce de ser". No le importan trabas. Salta de un idioma a otro con toda soltura y una especie de gracia seria que imprime su sello.
No lo llamemos humorista: sugiere la idea de un profesional encargado de hacer reír, cosa horrenda y contraproducente. Parecen, más bien, poemas desatados que corren como quieren. A menudo, las estrofas se arrastran, empiezan en la prosa, dan unas vueltas, como los aviones antes de partir. De pronto, se elevan y salen, saltando. Minutos después, van por allá volando, cruzan el cielo, rompen las nubes.
Nicanor Parra es un poeta moderno.
Ello no le impide en manera alguna ser antiguo. La famosa cortina de hierro que divide a las generaciones, él la perfora a cada rato, sin la menor dificultad. Los que están allá se escandalizan viendo los bailes que bailan al lado de acá. Y viceversa. Nicanor Parra va de uno a otro como si no hubiera cortina.
Una vez andando
Por un parque inglés
Con un angelorum
Sin querer me hallé.
(...)
Así comienza una de las composiciones más conocidas de Nicanor Parra. Porque no pretendemos descubrirlo: tiene varios premios sobre la conciencia y hasta un estudio especial, la Introducción a la poesía de Nicanor Parra, hecha por Enrique Lihn con toda reverencia. Pero un buen poeta siempre es nuevo; cada vez que se toma un libro suyo parece que se le descubriera.
¿Hay cosas inéditas aquí?
Por el placer que producen, todas lo son; pero hay, particularmente, ciertas divagaciones extrañas, casi en prosa, mantenidas a fuerza de ritmo, a una velocidad endemoniada y con una especie de embrujo, que se leen y vuelven a leerse sin llegar nunca al fondo. Son clarísimas, parecen elementales: eso las vuelve más misteriosas. Eduardo Anguita va a reprochármelo. Este joven cree que mi oficio consiste en saber lo que no se sabe, averiguar lo que no admite averiguaciones o decir que uno entiende lo que, en realidad, no ha entendido. Rehuso ese honor. (...)
Hemos buscado para reproducirlas algunas de esas composiciones. Necesitarían demasiado espacio. Exigen en derredor cierta atmósfera, no se pueden sacar sencillamente ni menos fragmentarlas. Nombremos "Las tablas". Allí intervienen evidentemente confidencias freudianas y pasa el complejo de la madre. (...) Nombremos también, aunque se sale del género, la divertida "Oda a las palomas", el enigmático "Túnel", el "Solo de piano", reflexivo, el macabro autorretrato del profesor que hace quinientas horas de clase, para recalar definitivamente en Catalina Parra:
Caminando sola
Por ciudad extraña
Qué será de nuestra
Catalina Parra.
(...)
A todo esto, en todo esto, ¿qué del comunismo? ¿Por qué no suenan maldiciones a Estados Unidos ni escuchamos anatemas contra Foster Dulles? ¿Acaso este poeta osa violar las consignas y desobedece el mandato? ¿Nada, ni siquiera una alusión a la pobre Guatemala?
Curioso.
Parece que, además de talento, de ímpetu de gracia, de frescor, de imágenes y ritmos impensados, este poeta tuviera buen gusto.
El Mercurio, domingo 8 de agosto de 1954