miércoles, 31 de julio de 2013
ARTEFACTOS
martes, 30 de julio de 2013
SOLILOQUIO DEL INDIVIDUO
oy el Individuo.
Primero viví en una roca (Allí grabé algunas figuras). Luego busqué un lugar más apropiado. Yo soy el Individuo. Primero tuve que procurarme alimentos, Buscar peces, pájaros, buscar leña, (Ya me preocuparía de los demás asuntos). Hacer una fogata, Leña, leña, dónde encontrar un poco de leña, Algo de leña para hacer una fogata, Yo soy el Individuo. Al mismo tiempo me pregunté, Fui a un abismo lleno de aire; Me respondió una voz: Yo soy el Individuo. Después traté de cambiarme a otra roca, Allí también grabé figuras, Grabé un río, búfalos, Grabé una serpiente Yo soy el Individuo. Pero no. Me aburrí de las cosas que hacía, El fuego me molestaba, Quería ver más, Yo soy el Individuo. Bajé a un valle regado por un río, Allí encontré lo que necesitaba, Encontré un pueblo salvaje, Una tribu, Yo soy el Individuo. Vi que allí se hacían algunas cosas, Figuras grababan en las rocas, Hacían fuego, ¡también hacían fuego! Yo soy el Individuo. Me preguntaron que de dónde venía. Contesté que sí, que no tenía planes determinados, Contesté que no, que de allí en adelante. Bien. Tomé entonces un trozo de piedra que encontré en un río Y empecé a trabajar con ella, Empecé a pulirla, De ella hice una parte de mi propia vida. Pero esto es demasiado largo. Corté unos árboles para navegar, Buscaba peces, Buscaba diferentes cosas, (Yo soy el Individuo). Hasta que me empecé a aburrir nuevamente. Las tempestades aburren, Los truenos, los relámpagos, Yo soy el Individuo. Bien. Me puse a pensar un poco, Preguntas estúpidas se me venían a la cabeza. Falsos problemas. Entonces empecé a vagar por unos bosques. Llegué a un árbol y a otro árbol; Llegué a una fuente, A una fosa en que se veían algunas ratas: Aquí vengo yo, dije entonces, ¿Habéis visto por aquí una tribu, Un pueblo salvaje que hace fuego? De este modo me desplacé hacia el oeste Acompañado por otros seres, O más bien solo. Para ver hay que creer, me decían, Yo soy el Individuo. Formas veía en la obscuridad, Nubes tal vez, Tal vez veía nubes, veía relámpagos, A todo esto habían pasado ya varios días, Yo me sentía morir; Inventé unas máquinas, Construí relojes, Armas, vehículos, Yo soy el Individuo. Apenas tenía tiempo para enterrar a mis muertos, Apenas tenía tiempo para sembrar, Yo soy el Individuo. Años más tarde concebí unas cosas, Unas formas, Crucé las fronteras y permanecí fijo en una especie de nicho, En una barca que navegó cuarenta días, Cuarenta noches, Yo soy el Individuo. Luego vinieron unas sequías, Vinieron unas guerras, Tipos de color entraron al valle, Pero yo debía seguir adelante, Debía producir. Produje ciencia, verdades inmutables, Produje tanagras, Di a luz libros de miles de páginas, Se me hinchó la cara, Construí un fonógrafo, La máquina de coser, Empezaron a aparecer los primeros automóviles, Yo soy el Individuo. Alguien segregaba planetas, ¡Árboles segregaba! Pero yo segregaba herramientas, Muebles, útiles de escritorio, Yo soy el Individuo. Se construyeron también ciudades, Rutas Instituciones religiosas pasaron de moda, Buscaban dicha, buscaban felicidad, Yo soy el Individuo. Después me dediqué mejor a viajar, A practicar, a practicar idiomas, Idiomas, Yo soy el Individuo. Miré por una cerradura, Sí, miré, qué digo, miré, Para salir de la duda miré, Detrás de unas cortinas, Yo soy el Individuo. Bien. Mejor es tal vez que vuelva a ese valle, A esa roca que me sirvió de hogar, Y empiece a grabar de nuevo, De atrás para adelante grabar El mundo al revés. Pero no: la vida no tiene sentido. |
LAS TABLAS
Soñé que me encontraba en un desierto y que hastiado de mí mismo
Comenzaba a golpear a una mujer. Hacía un frío de los demonios; era necesario hacer algo, Hacer fuego, hacer un poco de ejercicio; Pero a mí me dolía la cabeza, me sentía fatigado Sólo quería dormir, quería morir. Mi traje estaba empapado de sangre Y entre mis dedos se veían algunos cabellos -Los cabellos de mi pobre madre- "Por qué maltratas a tu madre" me preguntaba entonces una piedra Una piedra cubierta de polvo "por qué la maltratas". Yo no sabía de dónde venían esas voces que me hacían temblar Me miraba las uñas y me las mordía, Trataba de pensar infructuosamente en algo Pero sólo veía en torno a mí un desierto Y veía la imagen de ese ídolo, Mi dios que me miraba hacer estas cosas. Aparecieron entonces unos pájaros Y al mismo tiempo en la obscuridad descubrí unas rocas. En un supremo esfuerzo logré distinguir las tablas de la ley: "Nosotras somos las tablas de la ley" decían ellas "Por qué maltratas a tu madre" "Ves esos pájaros que se han venido a posar sobre nosotras" "Ahí están ellos para registrar tus crímenes" Pero yo bostezaba, me aburría de estas admoniciones "Espanten esos pájaros" dije en voz alta "No" respondió una piedra "Ellos representan tus diferentes pecados" "Ellos están ahí para mirarte" Entonces yo me volví de nuevo a mi dama Y le empecé a dar más firme que antes Para mantenerse despierto había que hacer algo Estaba en la obligación de actuar So pena de caer dormido entre aquellas rocas Aquellos pájaros. Saqué entonces una caja de fósforos de uno de mis bolsillos Y decidí quemar el busto del dios Tenía un frío espantoso, necesitaba calentarme Pero este fuego sólo duró algunos segundos. Desesperado busqué de nuevo las tablas Pero ellas habían desaparecido: Las rocas tampoco estaban allí Mi madre me había abandonado. Me toqué la frente; pero no: Ya no podía más. |
LOS VICIOS DEL MUNDO MODERNO
| Los delincuentes modernos Están autorizados para concurrir diariamente a parques y jardines. Provistos de poderosos anteojos y de relojes de bolsillo Entran a saco en los kioskos favorecidos por la muerte E instalan sus laboratorios entre los rosales en flor. Desde allí controlan a fotógrafos y mendigos que deambulan por los alrededores Procurando levantar un pequeño templo a la miseria Y si se presenta la oportunidad llegan a poseer a un lustrabotas melancólico. La policía atemorizada huye de estos monstruos En dirección del centro de la ciudad En donde estallan los grandes incendios de fines de año Y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos madres de la caridad. Los vicios del mundo moderno: El automóvil y el cine sonoro, Las discriminaciones raciales, El exterminio de los pieles rojas, Los trucos de la alta banca, La catástrofe de los ancianos, El comercio clandestino de blancas realizado por sodomitas internacionales, El auto-bombo y la gula Las Pompas Fúnebres Los amigos personales de su excelencia La exaltación del folklore a categoría del espíritu, El abuso de los estupefacientes y de la filosofía, El reblandecimiento de los hombres favorecidos por la fortuna El auto-erotismo y la crueldad sexual La exaltación de lo onírico y del subconsciente en desmedro del sentido común. La confianza exagerada en sueros y vacunas, El endiosamiento del falo, La política internacional de piernas abiertas patrocinada por la prensa reaccionaria, El afán desmedido de poder y de lucro, La carrera del oro, La fatídica danza de los dólares, La especulación y el aborto, La destrucción de los ídolos. El desarrollo excesivo de la dietética y de la psicología pedagógica, El vicio del baile, del cigarrillo, de los juegos de azar, Las gotas de sangre que suelen encontrarse entre las sábanas de los recién desposados, La locura del mar, La agorafobia y la claustrofobia, La desintegración del átomo, El humorismo sangriento de la teoría de la relatividad, El delirio de retorno al vientre materno, El culto de lo exótico, Los accidentes aeronáuticos, Las incineraciones, las purgas en masa, la retención de los pasaportes, Todo esto porque sí, Porque produce vértigo, La interpretación de los sueños Y la difusión de la radiomanía. Como queda demostrado, el mundo moderno se compone de flores artificiales Que se cultivan en unas campanas de vidrio parecidas a la muerte, Está formado por estrellas de cine, Y de sangrientos boxeadores que pelean a la luz de la luna, Se compone de hombres ruiseñores que controlan la vida económica de los países Mediante algunos mecanismos fáciles de explicar; Ellos visten generalmente de negro como los precursores del otoño Y se alimentan de raíces y de hierbas silvestres. Entretanto los sabios, comidos por las ratas, Se pudren en los sótanos de las catedrales, Y las almas nobles son perseguidas implacablemente por la policía. El mundo moderno es una gran cloaca: Los restoranes de lujo están atestados de cadáveres digestivos Y de pájaros que vuelan peligrosamente a escasa altura. Esto no es todo: Los hospitales están llenos de impostores, Sin mencionar a los herederos del espíritu que establecen sus colonias en el ano de los Los industriales modernos sufren a veces el efecto de la atmósfera envenenada,recién operados. Junto a las máquinas de tejer suelen caer enfermos del espantoso mal del sueño Que los transforma a la larga en unas especies de ángeles. Niegan la existencia del mundo físico Y se vanaglorian de ser unos pobres hijos del sepulcro. Sin embargo, el mundo ha sido siempre así. La verdad, como la belleza, no se crea ni se pierde Y la poesía reside en las cosas o es simplemente un espejismo del espíritu. Reconozco que un terremoto bien concebido Puede acabar en algunos segundos con una ciudad rica en tradiciones Y que un minucioso bombardeo aéreo Derribe árboles, caballos, tronos, música. Pero qué importa todo esto Si mientras la bailarina más grande del mundo Muere pobre y abandonada en una pequeña aldea del sur de Francia La primavera devuelve al hombre una parte de las flores desaparecidas. Tratemos de ser felices, recomiendo yo, chupando la miserable costilla humana. Extraigamos de ella el líquido renovador, Cada cual de acuerdo con sus inclinaciones personales. ¡Aferrémonos a esta piltrafa divina! Jadeantes y tremebundos Chupemos estos labios que nos enloquecen; La suerte está echada. Aspiremos este perfume enervador y destructor Y vivamos un día más la vida de los elegidos: De sus axilas extrae el hombre la cera necesaria para forjar el rostro de sus ídolos. Y del sexo de la mujer la paja y el barro de sus templos. Por todo lo cual Cultivo un piojo en mi corbata Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles. |
LA TRAMPA
Por aquel tiempo yo rehuía las escenas demasiado misteriosas.
Como los enfermos del estómago que evitan las comidas pesadas Prefería quedarme en casa dilucidando algunas cuestiones Referentes a la reproducción de las arañas, Con cuyo objeto me recluía en el jardín Y no aparecía en público hasta avanzadas horas de la noche; O también en mangas de camisa, en actitud desafiante, Solía lanzar iracundas miradas a la luna Procurando evitar esos pensamientos atrabiliarios Que se pegan como pólipos al alma humana. En la soledad poseía un dominio absoluto sobre mí mismo, Iba de un lado a otro con plena conciencia de mis actos O me tendía entre las tablas de la bodega A soñar, a idear mecanismos, a resolver pequeños problemas de emergencia. Aquellos eran los momentos en que ponía en práctica mi célebre método onírico, Que consiste en violentarse a sí mismo y soñar lo que se desea, En promover escenas preparadas de antemano con participación del más allá. De este modo lograba obtener informaciones preciosas Referentes a una serie de dudas que aquejan al ser: Viajes al extranjero, confusiones eróticas, complejos religiosos. Pero todas las precauciones eran pocas Puesto que por razones difíciles de precisar Comenzaba a deslizarme automáticamente por una especie de plano inclinado, Como un globo que se desinfla mi alma perdía altura, El instinto de conservación dejaba de funcionar Y privado de mis prejuicios más esenciales Caía fatalmente en la trampa del teléfono Que como un abismo atrae a los objetos que lo rodean Y con manos trémulas marcaba ese número maldito Que aún suelo repetir automáticamente mientras duermo. De incertidumbre y de miseria eran aquellos segundos Es que yo, como un esqueleto de pie delante de esa mesa del infierno Cubierta de una cretona amarilla, Esperaba una respuesta desde el otro extremo del mundo, La otra mitad de mi ser prisionera en un hoyo. Esos ruidos entrecortados del teléfono Producían en mí el efecto de las máquinas perforadoras de los dentistas, Se incrustaban en mi alma como agujas lanzadas desde lo alto Hasta que, llegado el momento preciso, Comenzaba a transpirar y a tartamudear febrilmente. Mi lengua parecida a un beefsteak de ternera Se interponía entre mi ser y mi interlocutora Como esas cortinas negras que nos separan de los muertos. Yo no deseaba sostener esas conversaciones demasiado íntimas Que, sin embargo, yo mismo provocaba en forma torpe Con mi voz anhelante, cargada de electricidad. Sentirme llamado por mi nombre de pila En ese tono de familiaridad forzada Me producía malestares difusos, Perturbaciones locales de angustia que yo procuraba conjurar A través de un método rápido de preguntas y respuestas Creando en ella un estado de efervescencia pseudoerótico Que a la postre venía a repercutir en mí mismo Bajo la forma de incipientes erecciones y de una sensación de fracaso. Entonces me reía a la fuerza cayendo después en un estado de postración mental. Aquellas charlas absurdas se prolongaban algunas horas Hasta que la dueña de la pensión aparecía detrás del biombo Interrumpiendo bruscamente aquel idilio estúpido, Aquellas contorsiones de postulante al cielo Y aquellas catástrofes tan deprimentes para mi espíritu Que no terminaban completamente con colgar el teléfono Ya que, por lo general, quedábamos comprometidos A vernos al día siguiente en una fuente de soda O en la puerta de una iglesia de cuyo nombre no quiero acordarme. |
LA VÍBORA
Durante largos años estuve condenado a adorar a una mujer despreciable
Sacrificarme por ella, sufrir humillaciones y burlas sin cuento, Trabajar día y noche para alimentarla y vestirla, Llevar a cabo algunos delitos, cometer algunas faltas, A la luz de la luna realizar pequeños robos, Falsificaciones de documentos comprometedores, So pena de caer en descrédito ante sus ojos fascinantes. En horas de comprensión solíamos concurrir a los parques Y retratarnos juntos manejando una lancha a motor, O nos íbamos a un café danzante Donde nos entregábamos a un baile desenfrenado Que se prolongaba hasta altas horas de la madrugada. Largos años viví prisionero del encanto de aquella mujer Que solía presentarse a mi oficina completamente desnuda Ejecutando las contorsiones más difíciles de imaginar Con el propósito de incorporar mi pobre alma a su órbita Y, sobre todo, para extorsionarme hasta el último centavo. Me prohibía estrictamente que me relacionase con mi familia. Mis amigos eran separados de mí mediante libelos infamantes Que la víbora hacía publicar en un diario de su propiedad. Apasionada hasta el delirio no me daba un instante de tregua, Exigiéndome perentoriamente que besara su boca Y que contestase sin dilación sus necias preguntas Varias de ellas referentes a la eternidad y a la vida futura Temas que producían en mí un lamentable estado de ánimo, Zumbidos de oídos, entrecortadas náuseas, desvanecimientos prematuros Que ella sabía aprovechar con ese espíritu práctico que la caracterizaba Para vestirse rápidamente sin pérdida de tiempo Y abandonar mi departamento dejándome con un palmo de narices. Esta situación se prolongó por más de cinco años. Por temporadas vivíamos juntos en una pieza redonda Que pagábamos a medias en un barrio de lujo cerca del cementerio. (Algunas noches hubimos de interrumpir nuestra luna de miel Para hacer frente a las ratas que se colaban por la ventana). Llevaba la víbora un minucioso libro de cuentas En el que anotaba hasta el más mínimo centavo que yo le pedía en préstamo; No me permitía usar el cepillo de dientes que yo mismo le había regalado Y me acusaba de haber arruinado su juventud: Lanzando llamas por los ojos me emplazaba a comparecer ante el juez Y pagarle dentro de un plazo prudente parte de la deuda Pues ella necesitaba ese dinero para continuar sus estudios Entonces hube de salir a la calle y vivir de la caridad pública, Dormir en los bancos de las plazas, Donde fui encontrado muchas veces moribundo por la policía Entre las primeras hojas del otoño. Felizmente aquel estado de cosas no pasó más adelante, Porque cierta vez en que yo me encontraba en una plaza también Posando frente a una cámara fotográfica Unas deliciosas manos femeninas me vendaron de pronto la vista Mientras una voz amada para mí me preguntaba quién soy yo. Tú eres mi amor, respondí con serenidad. ¡Ángel mío, dijo ella nerviosamente, Permite que me siente en tus rodillas una vez más! Entonces pude percatarme de que ella se presentaba ahora provista de un pequeño ............................ taparrabos. Fue un encuentro memorable, aunque lleno de notas discordantes: Me he comprado una parcela, no lejos del matadero, exclamó, Allí pienso construir una especie de pirámide En la que podamos pasar los últimos días de nuestra vida. Ya he terminado mis estudios, me he recibido de abogado, Dispongo de un buen capital; Dediquémonos a un negocio productivo, los dos, amor mío, agregó, Lejos del mundo construyamos nuestro nido. Basta de sandeces, repliqué, tus planes me inspiran desconfianza, Piensa que de un momento a otro mi verdadera mujer Puede dejarnos a todos en la miseria más espantosa. Mis hijos han crecido ya, el tiempo ha transcurrido, Me siento profundamente agotado, déjame reposar un instante, Tráeme un poco de agua, mujer, Consígueme algo de comer en alguna parte, Estoy muerto de hambre, No puedo trabajar más para ti, Todo ha terminado entre nosotros. |
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