viernes, 15 de agosto de 2014

Parra antes de Parra‏



Parra antes de Parra


Revista Qué Pasa, miércoles 13 de agosto de 2014

Nicanor Parra tenía 26 años cuando escribió René Descartes, tesis con la que optó al grado de profesor de Matemáticas y Física. El libro no está en el registro de sus Obras completas, pero en él encontramos las primeras señales de lo que sería la voz de la antipoesía. Ésta es la historia del libro inédito de Parra.



Es un libro rojo que estaba ahí, en una pequeña vitrina, en la entrada de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Un libro antiguo, precario, con una tapa delgada, un poco más de 100 páginas y un título grande que dice: René Descartes...

Los alumnos entraban a la biblioteca y uno que otro se detenía -en esos días de fines de 2012, inicios de 2013-, pero en realidad pasaban de largo y se sentaban y estudiaban y seguían en lo suyo, ya sin recordar el libro.

Varios de esos alumnos tenían la misma edad que el joven que muchos años antes -en la década del 30- había escrito ese libro rojo, titulado René Descartes: datos biográficos, estudios de su obra, juicios críticos, y que, sin saberlo, estaría entre los libros que escribiría después, cuando tuviera 30, 40, 50 años, y que cambiarían, para siempre, el rumbo de la poesía chilena. 

Era un libro de Nicanor Parra.

El libro que escribió en 1940, cuando sólo tenía 26 años y quería optar al grado de profesor de Matemáticas y Física, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

Una tesis que no parece tesis, sino que a ratos una novela encubierta sobre la vida y obra de René Descartes; un ensayo literario escrito con un lenguaje lleno de desparpajo y soltura, que por momentos parece incómodo en ese terreno de lo académico y que por eso se arranca, se desborda para dar paso a una escritura rápida y personal. La escritura del que sería el autor de Poemas y Antipoemas, el Premio Nacional, el Premio Cervantes, el candidato al Nobel, el hombre que lucharía para bajar del olimpo a los poetas, a la poesía.

René Descartes... es el segundo libro que escribió Nicanor Parra -después de Cancionero sin nombre (1937)- y que no está en sus Obras completas, sino que está ahí, guardado hoy en los estantes de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Una tesis universitaria que en realidad es otra cosa: el origen de una obra, escrita por Parra antes de ser Parra, antes de inventar la antipoesía.


                                                                                                           ***


El 14 de octubre de 1940 Nicanor Parra entrega la tesis. Por estos días, Ediciones UDP está en conversaciones con el poeta para publicar su trabajo en prosa, incluido este libro.

-En 2012 empezamos a revisar las distintas tesis que teníamos en la biblioteca y nos encontramos con varias, entre ellas la de Nicanor Parra, así que decidimos exponerla para los alumnos -cuenta Jeanette Concha, directora de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. 

Fueron alrededor de seis meses, entre fines de 2012 y principios de 2013, que la tesis estuvo expuesta.

-La idea era que los alumnos supieran qué material hay en la biblioteca, que descubrieran esos libros, que a esta altura son patrimonio de la universidad. Y la tesis de Parra lo es. El libro se puede leer dentro de la biblioteca, pero no sacar del lugar -explica Concha.

A pesar de que la tesis está desde hace años, sólo había sido pedida en una oportunidad. Y, claro, puede ser que en realidad como texto científico quizá no aporte mucho, pero si uno la lee con un interés literario, por ejemplo, se encuentra con otra cosa. Con algo valioso. Con una rareza que ni los estudiosos de la obra de Parra conocían.

-Lo cierto es que éstas son las primeras noticias que tengo de la tesis de Nicanor Parra sobre Descartes, que no sólo es un pensador, sino que un prosista impecable, asombroso. Los primeros capítulos del Discurso del método son memorables, lo mismo que sus Meditaciones metafísicas y sus cartas y escritos varios. Creo que es un hallazgo lo de la tesis -dice Matías Rivas, director de Ediciones UDP, editorial que publica a Parra y que hoy está preparando un libro con la prosa del antipoeta, entre la que se incluiría esta tesis.

Tampoco el crítico español Ignacio Echevarría, quien estuvo a cargo de armar las Obras completas, tenía noticias de este libro. Se mostró sorprendido, de hecho, cuando lo contactamos para comentarle sobre esta tesis.

Y es que, por ahora, en ningún texto crítico sobre la obra de Parra hay registro de esta obra.Parece un libro que nunca existió, un relato de juventud, simplemente una investigación universitaria. Pero su valor es innegable: leer unas pocas páginas y sentir que ahí está latiendo lo que vendría después: el lenguaje de la tribu, la cadencia particular de la antipoesía, la fluidez del lenguaje. Parra. Nicanor Parra. El mismo que 14 años después publicaría Poemas y antipoemas.



                                                                                                        ***



“Así como cuando uno va al correo y en la calle se encuentra con un amigo y se va con él a dar una vuelta por la plaza, (resulta que) me he quedado yo a medio camino (en esta empresa). Como el muchacho que quiere levantar cien kilos y no puede con la mitad. Así me ha sucedido al acometer este trabajo que primitivamente se llamaba LA MATEMÁTICA CARTESIANA, o algo por el estilo, título que obedecía a la primera intención con que lo inicié”.

Así empieza René Descartes…Un joven Nicanor Parra, una voz autobiográfica, las primeras palabras que escribe en un prólogo donde nos anunciará las principales líneas que tratará en su tesis: la vida de Descartes, sus ideas, sus teorías. Un poco más de 100 páginas escritas con máquina de escribir, varias páginas corregidas con lápiz pasta, con la letra imprenta de Parra, como ocurre en ese primer párrafo con las palabras escritas entre paréntesis. Palabras tachadas. 

Luego sigue explicando los motivos por los que ha decidido escribir una tesis sobre Descartes y su figura y su obra, y no sólo sobre la matemática cartesiana. Escribe: “El tema se avenía con la asignatura que yo había estudiado sistemáticamente cuatro años seguidos. Además, la trascendencia filosófica de la cuestión se acomodaba con ciertas inquietudes que durante mis años de estudiante me han llevado a explorar algunas obras que no son las estrictamente escolares. Cabe decir, el asunto me gustaba y me hallaba en condiciones de abordarlo con cierta esperanza de no tomar el rábano por las hojas. Sin embargo, como cuando uno anda de compras y le falta en el centro la plata, me he quedado yo a medio camino”.

Ése será, finalmente, el tono de la tesis: entre la seriedad de una investigación universitaria y ciertas frases coloquiales que convierten el texto en un relato más personal. 

La tesis está dedicada a Amador Alcayaga, quien fuera rector del Internado Nacional Barros Arana, donde estudió Parra y donde trabajó como inspector, mientras iba a la universidad. Eran los años 30, en los que preparaba Cancionero sin nombre, en los que había creado, junto a unos amigos del internado, Revista Nueva, en la que publicó algunos de sus primeros poemas. Eran tiempos de lecturas surrealistas, de Federico García Lorca, tiempos de formación, en los que se repartía entre la poesía y sus estudios universitarios. En esos años escribió la tesis, mientras no sólo se formaba en el área de la poesía, sino también, sobre todo, en la filosofía, lo que le permitía analizar la obra de Descartes sin miedos, sin guardarse opiniones. Escribe: “Intentó entregarnos un sistema que nació antes de tiempo. Pronto cayó en descrédito. El cartesianismo es hoy día un arrinconado cadáver de biblioteca. Pero esto no daña la gloria del filósofo. Le bastó el Discurso del método, en donde echa en forma definitiva las bases del racionalismo, para consagrarse en un eminente sitio de inmortalidad”.

Los mejores momentos de la tesis, sin duda, son cuando se dedica a narrar, cuando usa imágenes desconcertantes como ejemplos, cuando evita replicar el lenguaje de los otros filósofos y él se adueña de las ideas,  como en este párrafo en el que describe a Descartes: “Estatura escasa, cabeza grande, abundante y caída cabellera negra. Rostro ovalado, frente alta y ancha, ojos separados, severos y meditabundos, boca grande, belfo el labio inferior. Nariz prominente,  bigote y perilla al uso de los militares. Traje negro y sencillo. Metódico en su trabajo y en su economía”. 

Está la ironía de Parra a lo largo del texto, está la mirada crítica también, y la lucidez, por supuesto.

Entrega la tesis el día 14 de octubre de 1940 al profesor Carlos Videla. El texto tiene un epígrafe que dice: “La ciencia aborda el mundo de lo real. La filosofía, además, el de lo posible”. No anota de quién es la frase, pero ahí está el libro, corregido, entregado. Años después irá a estudiar a Estados Unidos un posgrado en Física y luego se convertirá en uno de los poetas más importantes de Chile. Pero eso no lo sabe el joven de 26 años que, seguramente, fue feliz a entregar la tesis para poder convertirse en profesor. No es difícil imaginarlo: entregar la tesis, sentirse tranquilo, quizás ir a celebrar con sus amigos del internado, pasar la tarde en eso, en la alegría. 14 años después iba a publicar Poemas y antipoemas y su vida sería otra.

miércoles, 16 de julio de 2014

CRONOS (Nicanor Parra)



En Santiago de Chile
Los
      días
            son
                 interminablemente
                                              largos:
Varias eternidades en un día.

Nos desplazamos a lomo de mula
Como los vendedores de cochayuyo:
Se bosteza.  Se vuelve a bostezar.

Sin embargo las semanas son más cortas
Los meses pasan a toda carrera
Ylosañosparecequevolaran.

sábado, 5 de julio de 2014

El poeta inextinguible



Un sorprendente hallazgo, el poema Temporal, nos pone en pie de celebración muy poco antes de que Nicanor Parra cumpla 100 años.
FUE el poeta Adán Méndez quien por pura casualidad dio con Temporal, el magnífico poema de Nicanor Parra que estuvo perdido por 25 años.Revisaba Méndez unos casetes en los que el antipoeta conversaba con René de Costa, cuando, caramba, surgió la voz de Parra declamando no una, sino dos veces, el texto completo de una obra que se suponía extraviada. Los versos correspondían a Temporal, poema extenso que, entre otras cosas, habla de las inundaciones que afectaron a la ciudad de Santiago en 1987 y que, visto en perspectiva, establece una especie de preámbulo a la portentosa voz que Parra estrenaría en sus Discursos de sobremesa, libro publicado en 2006 (los textos allí contenidos están fechados entre 1991 y 1997).
Es precisamente la variedad de voces que confluyen en Temporal la que le da a este libro el carácter de único. Aquí, hasta el río Mapocho tiene algo que decirle al lector. Tras declarar que es “turbio por fuera pero cristalino por dentro”, el Mapocho concluye que “por enormes que sean las ofensas / Acepto la basura / Toda la ñoña de la población en silencio / De cuando en vez eso sí / Me disfrazo de río caudaloso / Para asustar a los asustadizos / Entonces es el rechinar de dientes / En mi sagrado derecho que estoy me parece / De reclamar lo que siempre fue mío / ¿O no, dicen ustedes?”.
parra.jpg
Aquellos lectores que por razones de edad no tengan mayores referencias del terrible invierno santiaguino de 1987, encontrarán en este libro algunas de las claves no tan sólo de la cruenta estación, sino que de toda una época que llegaba a su fin. Quienes, por el contrario, aún conservan frescos en la memoria los sucesos de aquel año infausto, sabrán apreciar el tremendo valor documental del poema. La memoria, la memoria colectiva, se ve remecida con estos versos, y es por eso que uno llega a pensar que tal vez fue para mejor que Temporaldesapareciese por algunas décadas y reflotara hoy.Pocas veces un texto poético había conseguido dar ecos testimoniales con igual profundidad, acierto y humor.
En un poema titulado Urgentemente se necesita, el hablante requiere “Alimentos no perecibles / Hechos además de palabras”. Luego, en No culpemos a nadie, el que escribe alude precisamente a lo contrario: “Alguien que hizo todo de la nada / Quiere que ocurran estas tonteras”. Más adelante, en Miren, surge una imagen memorable: “Nunca se había visto nada igual / Una avioneta amarrada a un sauce / Para que no la arrastre la corriente”. Temporal concluye con Opiniones del hombre de la calle, una serie de 21 alocuciones en las que Parra, efectivamente, logra uno de sus más ambiciosos objetivos, el de convertirse en “la voz de la tribu”. En una de ellas se insta a lo siguiente: “Hagamos una vaca / Para ayudar a los damnificados / Que Don Francisco se haga cargo del muerto”.
Como cabía esperar de un cuadro de época completo, el trasfondo político no está ausente de los versos de Temporal. Además de varias alusiones a aquellos gobernadores coloniales que consiguieron detener la furia del Mapocho, alusiones que en ocasiones sirven de contrapunto con el actuar del gobierno del momento, las pullas a la actualidad de 1987 (el fin de la dictadura) son notorias: “Derrotaremos a la naturaleza / Tal como derrotamos a los marxistas”. Y en un poema titulado No se dejen engrupir por los comunistas, la ironía es lancinante: “Ustedes saben que esos son capaces / De aprovecharse del dolor ajeno / Para sacar dividendos políticos / El gobierno verá lo que se hace / Por el momento calma y buena letra”.
La oportuna publicación de Temporal, un poco antes de que Nicanor Parra cumpla 100 años de edad, puede llevarnos a pensar que entre todas las celebraciones que lo homenajearán como corresponde, el antipoeta se las arregló, una vez más, para darle un giro sorprendente al asunto: somos nosotros, sus lectores, los que hemos recibido el regalazo.

domingo, 29 de junio de 2014

El poema que Parra perdió hace 25 años


En el año en que el antipoeta cumple un siglo, se publica Temporal, un largo poema de 1987, social y político, sobre las fuertes lluvias que inundaron Santiago.

por Roberto Coreaga C. - Diario La Tercera, 14/06/2014 
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Fueron cinco días agitados. Impregnados de religiosidad, pero sobre todo muy políticos. La visita del Papa Juan Pablo II, en abril de 1987, desató masivas pasiones cristianas, como también protestas contra el régimen de Pinochet de eco mundial. Desde su casa en La Reina, Nicanor Parra siguió los pasos del Pontífice con tanta atención que terminó escribiendo el poema La sonrisa del Papa nos preocupa. “Nadie tiene a derecho a sonreír / en un mundo podrido como este / salvo que tenga pacto con el Diablo”, empieza. Parra, como siempre, estaba con un ojo en la calle. Después del Papa, fue el furioso temporal que por 11 días de julio azotó la zona central, generando inundaciones y damnificados, el que capturó su preocupación. También sobre eso escribió un poema. Largo,  social y político. Pero ese se perdió. 
“Se traspapeló”, dijo en más de una ocasión Parra a sus cercanos, refiriéndose a ese texto con el que creía haber logrado lo que siempre había buscado: sacudirse por fin de todos los rastros literarios para acceder a la realidad. Creía haber puesto en el papel el “lenguaje de la tribu”,  ese que venía acechando desde mediados de los 50, cuando publicó Poemas y antipoemas. Un año después, en 1988, se sentó frente al crítico español René de Costa en Chicago y, ante una grabadora, el antipoeta dijo que ese poema se llamaba Temporal. 
“Es un poema largo, es un libro. Temporal se llama y  está todo hecho en lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu... En último término, lo que me interesa a mí es la crítica social. Es una necesidad impostergable en mí, es decir, yo no quiero ser un fotógrafo de las imágenes oníricas, sino que quiero ser la voz de la tribu, y no tan sólo la voz de la tribu, sino que la conciencia de la tribu”, dijo el escritor. 
Ese diálogo grabado no se perdió, pero casi: De Costa guardó los cassettes sin revisarlos. El año pasado, el editor y hombre de confianza de Parra, Adán Méndez, tuvo acceso a las conversaciones. Su plan era transcribirlas para publicar un libro con el contenido -lo que hará este año a través de su sello Ediciones Tácitas-, pero se encontró con algo inesperado: el antipoeta no sólo hablaba varias veces de Temporal, también lo leía. Dos veces. Entero. “Cuando apareció, Nicanor quiso que se publicara de inmediato”, cuenta Méndez. “El poema le importa mucho, él sabía que había batido nuevos récords”, agrega.
En el año en que Parra llega al siglo, y lo celebran exposiciones de sus artefactos, libros visuales y nuevas ediciones de sus títulos, Ediciones UDP publica Temporal. A 10 años de Lear Rey & mendigo, lo último inédito del antipoeta, este texto viene a echar luz del tránsito de renovación que recorrió en los 80: atrapando las modulaciones verbales del sentir social del país durante el temporal del 87, Parra supera al personaje que asumió en Sermones y prédicas del Cristo del Elqui y se acerca a su verdadera voz, que luego explotará en los Discursos de sobremesa. 
Por esos días, Parra vivía en su casa de La Reina y bajaba periódicamente para dar clases en el Departamento de Estudios Humanísticos, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Sólo en 1996, con 82 años, dejó la docencia. Entre sus amigos cercanos, seguía estado Enrique Lihn. A fines de los 80, ya era el gigante que hoy es, pero se aparecía con frecuencia por recitales y ferias. Justo ese año, 1987, el poeta Sergio Parra publicó La manoseada y el antipoeta, tras leerlo, lo invitó a su casa. 
Parra empezó ese año en Madrid, dando un recital en el Círculo de Bellas Artes, en el marco de la exposición Chile Vive. En una entrevista con El País, se definió como un “ alfabetizador ecologista” y clamó por la destrucción de la Tierra. De España viajó a Estados Unidos, donde participó en la II Feria Latinoamericana del Libro en Nueva York: “Oíste Nueva York algún día me vengaré de ti”, leyó de un artefacto ante público  entusiasmado. También se encontró con viejos amigos: leyó con Allen Gingberg en la iglesia que ocupa el centro The Poetry Project. 
Luego partió a Chicago, invitado por René de Costa: “Parra es como respirar aire fresco”, dijo el crítico al presentarlo. Cuando regresó a Chile, lo esperaba un país encrispado, el gobierno militar se asomaba al final. Llegó Juan Pablo II y él escribió un poema. El último día de junio empezó a llover y no paró hasta 11 días después: cayó más agua que en todo un año, se salió el Mapocho, se cortaron caminos y puentes por toda la zona central, 175 mil personas quedaron aisladas. Parra intentó llevar la tragedia al papel, pero sobre todo los discursos que corrieron sobre el aguacero: las informaciones oficiales del Estado, las noticias de prensa, la conversaciones callejeras, las lecturas políticas, las interpretaciones históricas, etc.
“En este momento estoy casi convencido de que, por fin, se inventó la poesía social”, le dijo Parra a De Costa al año siguiente, feliz por Temporal. “Es el lenguaje de la tribu, que no es un lenguaje poético ni es un lenguaje literario, sino que así habla la gente. La sensación que tengo es que estoy aterrizando por primera vez y que vengo desde la literatura hacia la realidad, de que por fin estoy en la RR, en la realidad real”, añadió. 
Quizás efectivamente lo logró. En cualquier caso, Parra siguió ajustando su escritura, pasado los 80 años, en los Discursos de sobremesa. No se detiene. Mes a mes, acumula cuaderno tras cuaderno. Hay kilos de papeles inéditos, que todavía hoy, a los 99, sigue aumentando. No para. “Toda la antipoesía es un tartamudeo”, le dijo a De Costa. “Y lo que resulta es que el tartamudeo, si tú revisas, cada vez el tipo parece que construye mejor su discurso. Y al final ya el discurso está aceptable”, añadió

sábado, 28 de junio de 2014

Temporal

Columnistas
Diario El Mercurio, Sábado 28 de junio de 2014

Temporal

"Un inédito de Nicanor Parra, aunque sea breve, es siempre una magnífica noticia. Temporal, escrito en 1987, recién ahora, y gracias a la aparición de unas entrevistas grabadas de la época, ha sido recuperado. Su existencia era conocida, porque el autor se refirió muchas veces a él con conceptos del estilo de los citados en la contraportada..."

martes, 27 de mayo de 2014

Gotas de humor corrosivo convertidos en material inflamable de alto octanaje...‏



La tinta es un material inflamable,
escribió hace harto tiempo Nicanor,
a lo que cabría complementar
-en el espíritu del antipoeta 
pero en la cuerda del surrealista Buñuel-
con una gota de humor, pero de alto octanaje.

Aprendiendo a conocer a Nicanor Parra‏


Sofía Le Foulon, curadora de su archivo fotográfico
Aprendiendo a conocer a Nicanor Parra
Revista Ya, Diario El Mercurio, martes 27 de mayo de 2014

A los 99 años, Nicanor Parra baila cueca apianá y disfruta paseando en auto por el litoral central. Es algo que Sofía Le Foulon -la madrastra del nieto regalón del poeta, hoy guardiana de su archivo fotográfico y responsable de dirigir su biografía visual "Parra a la vista"- descubrió en los dos años que pasó conversando y repasando con él sus recuerdos más prístinos. Aquí revela algunos de ellos.    

Por Pilar Navarrete Nicanor Parra se levanta temprano, tipo 10 de la mañana y entonces se instala a leer. Si quiere revisar algo sobre un tema, se asoma a su biblioteca y hojea sus enciclopedias. Repasa seguido la obra de Diego Portales. Lee el diario. Todos los días, todos los diarios, incluso El Líder de San Antonio. Almuerza cazuela de pollo, porotos granados, sopas de verduras, recetas sanas y caseras que le prepara su nana, la Rosita. A veces -ahora más seguido que antes-, en la mesa lo acompaña Sofía Le Foulon, la madrastra de Cristóbal Ugarte Parra, el "Tololo", su nieto regalón, hijo mayor de Colombina. 

Desde hace casi dos años, esta diseñadora de la Universidad Católica que estudió Historia del Arte en la selecta École du Louvres en París, es la encargada de reconstruir las historias detrás de cientos de fotos que en los años sesenta Nicanor guardó en una maleta negra marca Smith-Corona, que luego escondió en su biblioteca de su casa en La Reina, y que por accidente volvió a aparecer cuarenta años más tarde, cuando su nieto se dispuso a ordenar el desastre que había quedado en la sala, días después del terremoto de 2010. Tololo y Sofía decidieron armar un libro, una biografía visual. Y cuando le hablaron de esa idea al poeta, él solo les dio un consejo: "Enciclopedia Británica: información, información, información". Como diciendo, no se metan en el "cahuín", dice hoy Sofía. 

Le Foulon, quien hasta antes de embarcarse en el proyecto -auspiciado por la Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi y acogido a la Ley de Donaciones Culturales, con el patrocinio de la Corporación Patrimonio Cultural de Chile- solo había visto a Nicanor en contadas ocasiones, comprendía bien el encargo: llevaba quince años dedicada a armar ediciones de alto impacto cultural. Trabajó largo tiempo con el historiador Leopoldo Castedo para editar fascículos coleccionables de su libro "Historia de Chile Encina-Castedo". Luego con Gonzalo Vial para desarrollar entregas de "Historia de Chile en el siglo XX". Sabía lo que era trabajar con alguien, metiéndose en su archivo, en sus cosas. Sabía también que a Nicanor tenía que conocerlo de a poco. 

Hoy es parte de su sombra: la guardiana del archivo fotográfico de Parra, viaja a verlo una o dos veces por semana y es una testigo privilegiada de su cotidianeidad. Pero lograrlo ha implicado, de cierta manera, domesticar al poeta. Para repasar su vida nunca establecieron día ni horario: pueden empezar temprano, a media tarde o por la noche. Hablar de un tema, luego saltar a otro. Entre medio, revisar fotografías. 

-Todo se da según las ganas que tenga él de conversar, porque también tiene su genio -comenta Sofía. -Hay días en que tiene más ganas de hablar de una cosa, otros no. 

La mayor parte del tiempo se reúnen en el living. Él se sienta cómodo en su sofá, y entonces empiezan a repasar recuerdos en torno a una taza de té. En los muros de la casa de Las Cruces los acompañan varias fotos familiares. De los hijos cuando chicos, de Barraco y la Colombina, de la Violeta, y una de su mamá con todos sus hijos alrededor. Alguien se la diagramó en Photoshop, como si fuera un árbol. También una de su papá con algunos colegas profesores; en otra, su madre, Clara Sandoval, acompañada de parientes. Esas fotos nunca estuvieron en la maleta: Nicanor siempre las llevó consigo. Algunas de ellas, pidió especialmente que las sumaran a la selección que será parte de su biografía visual. La que no aparecerá en el libro es una que hoy sigue en la maleta, y que puedo ver cuando Sofía la abre con sus manos delgadas: Nicanor, chascón, leyendo en un sillón, con pijama y a pies pelados.
 
Otros días, las conversaciones entre Sofía y Parra se dan en la biblioteca, ubicada en una salita fuera de la casa de Las Cruces y que Nicanor llama La Pastelería de la Lina Paya. Así le puso su nieta, Josefa Cristalina, hija de Juan de Dios, más conocido como Barraco. En esas pláticas, Le Foulon ha podido comprobar que, ad portas de cumplir un siglo, el creador de la antipoesía sigue con una lucidez impresionante. Dice que tiene una memoria privilegiada. De las más de cuatrocientas fotos que han repasado juntos, de todas tiene algo que decir. 

-En algunas imágenes donde no se veía el lugar, porque eran cuadros cerrados, él se acordaba exactamente dónde se encontraba. Entonces decía "esta foto es de Georgia" o de tal lado. O "aquí estoy con tal persona". En las fotos donde aparecía con mucha gente, los miraba con su lupa para verlos más de cerca, y entonces empezaba a contar quién era quién -comenta su guardiana.

Para gatillar conversaciones, Le Foulon se embarcó en una investigación paralela: contactó, por ejemplo, a Leonidas Morales, quien entrevistó al poeta en los años 70 y 90 para escribir "Conversaciones sobre Nicanor Parra", donde habla mucho de su vida. Morales le facilitó los originales de las entrevistas que escuchó para tener detalles curiosos de los cuales conversar.

-Yo le daba un recuerdo o contaba algo, y eso le despertaba otros recuerdos a él. Y así íbamos reconstruyendo todo -comenta la diseñadora. 

También consiguió la foto de Nicanor Parra junto a sus compañeros en el último año de Humanidades que cursó en el Instituto Barros Arana, y la nómina completa de sus compañeros. Con su lupa fue repasando una por una las caras. De todos se acordaba. 

-Tiene una memoria formidable, te recita poemas de memoria, en todos los idiomas. Recuerda todo al pie de la letra. Con decirte que recuerda historias que yo he leído que él ha contado en entrevistas o libros, y las recuerda iguales. Lo he podido cotejar. Su memoria es impecable. 

Le ha preguntado por su infancia, por su mamá, por sus abuelos. Por sus amigos, por sus viajes, por sus esposas. En estos dos años, Sofía ha aprendido tanto de Nicanor, que ahora tiene un problema: no sabe qué regalarle para su cumpleaños número 100.  

Ya ha perdido la cuenta de cuántos encuentros van. Sumando, a la rápida, son más de cien. Más de mil horas de conversación donde el hombre que se encamina a los 100 años repasa un siglo de historia. 

Aunque el libro ya está ad portas de partir a imprenta y solo falta ver los detalles de la exposición que en agosto se inaugurará en el GAM, Sofía igualmente sigue dedicada tiempo completo al proyecto parriano, para pesquisar algún recuerdo que quede volando, 

-Seguimos siempre repasando, hasta el día de hoy, porque es una investigación que no termina, porque él no repasa solo la historia de su vida, sino también un siglo de la historia de un país. Formas de ser y de hacer propias de otra época. 

Le ha hablado de su infancia en Chillán, en Lautaro, de su llegada a Santiago. 

-Me cuenta de la mamá: que era la piedra angular de la familia, que se hizo cargo de los niños y después de cuando él se trajo a sus hermanos a Santiago. De cómo llegó la Violeta por primera vez a Santiago, cómo él la inscribió en la Escuela Normal, cómo él la orientó para que ella se dedicara a hacer esta investigación en el canto folclórico.

También le ha contado sus viajes a Chillán para sus estudios primarios, de sus estudios en el extranjero, en Brown, en Oxford, que fueron fundamentales para la revolución que es la antipoesía, que la venía trabajando muchos años antes, pero que publicó el año 1954 en Poemas y Antipoemas, su golpe a la cátedra. 

Tanto confía en ella que en una cajita de plástico donde están las fotos originales que irán en la biografía y en la exposición, Sofía guarda un pequeño cuaderno de anotaciones que Parra escribió en los años sesenta, cuando partió de viaje a la Unión Soviética. Es el único documento que existe del detalle de esa travesía. En la primera página aparecen anotados tres números de teléfono. Luego "Esta libreta pertenece a Nicanor Parra". Su dirección en Macul. Palabras necesarias de saber en ruso: buenos días, gracias, no, perdón, me duele la cabeza. Un poco más abajo, la dirección de Mario Vargas Llosa en París y su teléfono. Unas cuantas hojas más adentro, ideas al aire, separadas por un asterisco: "Anoche sonó dos veces el teléfono. La primera llamada se fue al agua. El que hablaba era un ruso. La segunda llamada era la Margarita que preguntó cómo iba todo". * "Se nace en provincia, pero se muere en la capital". * "Volver a Chile es la orden del día. Conclusión: siempre volver a Chile". * "Viva Chile, mier... mosa patria". *

-¿Hay algunos capítulos de su vida que lo emocionen? 

-Claro. Yo te diría que su infancia en Chillán, y cómo se las ingenió para llegar a Santiago con casi nada de plata y su maletita a la Estación Central, cómo llegó a la casa de Gonzalo Torres Salamanca, un profesor que había conocido en Chillán, a tocarle el timbre para pedirle ayuda. Todas esas historias las cuenta con tantos detalles, que uno puede casi sentir que está ahí, sintiendo el olor de esas escenas. 

No está muy preocupado de llegar a los 100, asegura Sofía. De lo que sí habla es de que está en la fase de anacoreta, retirado del mundo, como buen seguidor del código de Manú, que define las edades del hombre y dice para esa etapa: "Nunca más mujer. Nunca más familia. Nunca más bienes materiales. Nunca más búsqueda de la fama". 

-Una de sus frases es "el que sabe, no habla. El que habla, no sabe" -dice Sofía.

Le Foulon y Parra no solo conversan. También escuchan cueca apianá, la cueca interpretada en el piano.

-Él me dice: "ahí está todo" -cuenta la diseñadora.

El poeta tiene un disco con una selección y lo escuchan el día entero. Cantan Adiós Santiago querido, adiós Parque Forestal. Como fue profesor de cueca en los años 50, le trata de enseñar un poco el ritmo. Ella trata de aprender, pero es complicado, porque no es un ritmo que se baile con la música de los que cantan, sino que con la música que está detrás, con la base. 

-Entonces él me trata de enseñar mientras baila cueca. 

El último fin de semana de abril fueron a dar una vuelta por los roqueríos de El Quisco. Otras veces, salen en auto a pasear por el litoral: van a la casa de Nicanor en Isla Negra y a El Tabo. Andan por Las Cruces. Mientras ella maneja, el Parra centenario le ha confesado que tiene ganas de viajar a Santiago para volver a verse en los primeros lugares donde estuvo cuando llegó desde Chillán y repasar su historia. Pero como sufre de asma y no tolera el esmog, ya por Melipilla no da más y empieza a toser. Por eso, siempre termina diciendo "mejor, para la próxima vez". 

-¿Qué cosas le han sorprendido de lo que él le ha contado y que no había detectado en su investigación?

-Su relación con su mamá, que fue muy cercana pero a la vez, y por lo mismo, con distanciamientos. Como hijo mayor, era muy regalón de la mamá. Cuando el papá murió y ella se emparejó de nuevo, hubo ciertos celos de este hijo que quedó un poco de lado. Eso también lo hizo dejar a su familia e irse solo a Santiago. Después, cuando sabe que la mamá está enferma, acude de vuelta a verla, la lleva al hospital, después la trae a Santiago. Incluso compró una casa en Conchalí pensando en instalarla ahí, pero eso al final nunca ocurrió. Cuando le pregunté por qué, me contó que ella reclamaba que no tenía dónde comprar el pan cerca. Todo ese tipo de detalles son cosas que he ido descubriendo en millones de conversaciones sobre su mamá. Hay muchísimos recuerdos con ella. 

-Y ahora que lo conoce tan bien, ¿qué piensa regalarle para su cumpleaños? 

Sofía se queda mirando el horizonte, media perdida.

-Es una pregunta muy difícil. 

Se ríe.

-Todavía, por suerte, me quedan unos meses para pensarlo. La verdad, no lo sé. Este libro por lo menos. Creo que este libro es un bonito regalo.