viernes, 15 de agosto de 2014

El (último) editor de Parra

En 2003, Matías Rivas (1971) se acercó a Nicanor Parra para decirle que quería publicar su traducción de El Rey Lear. Rivas había asumido hacía unos meses como director de Ediciones UDP y se propuso eso: publicar a Parra. Y lo consiguió. A partir de ahí comenzó una relación de confianza que se ha traducido en la publicación de seis libros del poeta. Y vienen más.




© Marcelo Segura

“Recuerdo que tenía 10 ó 12 años cuando leí por primera vez a Nicanor Parra. Era un buen lector, pero como todo lector niño, no me sentía muy cercano a la poesía: en el colegio me habían obligado a aprender poemas de memoria, lo que se tradujo en el típico trauma que todos tenemos con la poesía. Pero en algún momento encontré Obra gruesa en la biblioteca de mi casa y el título me gustó. Lo abrí, lo empecé a leer y no pude parar. Al principio, claro, tuve la sensación -que es la sensación fundamental de la poesía de Parra- de preguntarme: ¿esto es o no poesía? Pero, a la vez, lo que ocurría es que no podía parar de leerlo, porque eran como relatos que te obligaban a seguir y seguir. 

Esto fue a fines de los 70, principios de los 80, cuando Parra era un tipo consagrado, pero que sin embargo estaba muy silenciado, por una parte, por la dictadura y, por otra, por la izquierda (por el famoso tecito con la mujer de Nixon). Era, en ese entonces, una lectura bastante clandestina. No era fácil encontrar sus libros, pero la editorial Ganymedes en esos años publicó Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui y Hojas de Parra, y así podíamos leerlo.

Luego, en los 90, lo conocí. Fue en un almuerzo con Germán Marín, pero no hablamos mucho. Años después nos volvimos a ver, pero esta vez con un proyecto de por medio: yo había asumido la dirección de Ediciones UDP y quería publicar su traducción de El Rey Lear. Yo sabía que ese libro existía. Había visto un manuscrito en la biblioteca de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Entonces, fui a verlo a Las Cruces y le propuse publicarlo. Él ya había entablado una relación con la Universidad Diego Portales, así que me atendió y empezamos a conversar. Nos fuimos conociendo de a poco, y después empecé a llegar con Alejandro Zambra. Esto fue a fines de 2003. Lo visitamos varias veces y entre los dos logramos convencerlo. Zambra trabajó con él en la edición del libro. Descubrió que había más de 16 manuscritos de la traducción, así que trabajaron mucho hasta llegar a la edición definitiva. Luego le fuimos a dejar la maqueta final del libro, él dio el visto bueno y así pudimos imprimirlo. Apareció en 2004 y se tituló Lear rey & mendigo. 

Ahí empezó nuestro vínculo. En ese entonces Parra ya era un rockstar, pero había que reafirmarlo. Que pasara de ser un poeta a un tipo conocido por gente que incluso no leía poesía, y creo que eso se confirma en 2004. Había pasado antes, quizá, pero se reactualiza en ese tiempo, cuando Parra pasa a ser una lectura fundamental y entra en los libros más vendidos con Lear…

Esa foto que escogió Parra para la portada del libro, en la que aparece imprecando, fue una imagen precursora: no era un poeta que estaba con los brazos caídos. No. Era punk.

A partir de este libro entablamos una relación de confianza. Empecé a conocer sus costumbres y a tener el privilegio de compartir con él. Por eso fue una alegría lo que ocurrió con el libro, porque Parra no había publicado hacía mucho tiempo. El último libro que había vendido mucho era su antología Poemas para combatir la calvicie (1993). Yo era librero en ese tiempo y lo vendí mucho, pero después vino una especie de apagón hasta que apareció el Lear… y ya no paró más.

Después empezamos a trabajar en los Discursos de sobremesa -esta vez con Adán Méndez y Vicente Undurraga en la edición-, que apareció en 2006. Para mí es un libro fundamental, que ha sido poco y muy mal leído. Es un libro donde el hablante literario es Nicanor Parra, no como en sus otros libros. Por eso es fundamental para leer sus otros libros, porque además hay huellas biográficas y un mapa de sus lecturas.  Es lo más cercano que tenemos a su testimonio. 

Al año siguiente vino la publicación de La vuelta del Cristo de Elqui, que era un libro que no se encontraba, y que ha sido uno de los que más hemos vendido. Mi sensación es que Parra no le tenía tanta fe, pero ocurre que ahora toda una generación lo ha leído y releído sin prejuicios ideológicos, sin el famoso tecito. O sea, son datos que sin duda existen, pero hoy el contorno de Parra es otro. Son lectores que han entendido que uno de sus mayores legados fue el percatarse de que las frases hechas vienen en endecasílabos y que la forma en que vamos articulando discursos es a través de una cierta métrica, lo que resulta muy importante para el pensamiento. Son lectores atentos. Muchos de ellos llegaron a sus libros gracias a la generosidad de Bolaño, que nunca dejó de nombrarlo como uno de sus mayores referentes. Eso también fue muy importante para que se lo leyera de otra forma.

Yo creo que el Parra de los discursos, el de la traducción, el de las máscaras, el Parra político de Temporal (2014) no es el Parra que te enseñan en el colegio, sino que es alguien que está preguntándose constantemente por las palabras. Y si no ha ganado más premios es porque ha resistido las tentaciones de transformarse en un sujeto venerado por el poder. 

Sin embargo, una de las cosas que más me han sorprendido trabajando con él es su humildad y el tener siempre dudas hasta el final. Ahí, para mí, radica su genialidad. Por eso es tan importante esa imagen cuando lo leemos y nos preguntamos: ¿Esto es poesía? Y luego dices sí... Para algunas personas esa duda es grave, pero es parte fundamental de su trabajo. Con él nunca se acaban las preguntas sobre las palabras, lo que lo constituye como un poeta completamente vivo, contingente. Le interesa mucho el lenguaje actual. Sabe antes que uno qué palabras se están ocupando, la palabra que inventó Gary Medel hace poco, por ejemplo. Le interesan esas cosas. 

Ahora estamos preparando una edición de Poemas y antipoemas, que saldrá en unos meses con prólogo de Rafael Gumucio, y estamos barajando la posibilidad de sacar un volumen con la ‘antiprosa’. Hemos conversado harto con Nicanor sobre el proyecto. Aunque nada se resuelve de un día para otro. Como dice Nicanor: ‘Venga pa’ acá y aquí improvisamos’”.

Parra antes de Parra‏



Parra antes de Parra


Revista Qué Pasa, miércoles 13 de agosto de 2014

Nicanor Parra tenía 26 años cuando escribió René Descartes, tesis con la que optó al grado de profesor de Matemáticas y Física. El libro no está en el registro de sus Obras completas, pero en él encontramos las primeras señales de lo que sería la voz de la antipoesía. Ésta es la historia del libro inédito de Parra.



Es un libro rojo que estaba ahí, en una pequeña vitrina, en la entrada de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Un libro antiguo, precario, con una tapa delgada, un poco más de 100 páginas y un título grande que dice: René Descartes...

Los alumnos entraban a la biblioteca y uno que otro se detenía -en esos días de fines de 2012, inicios de 2013-, pero en realidad pasaban de largo y se sentaban y estudiaban y seguían en lo suyo, ya sin recordar el libro.

Varios de esos alumnos tenían la misma edad que el joven que muchos años antes -en la década del 30- había escrito ese libro rojo, titulado René Descartes: datos biográficos, estudios de su obra, juicios críticos, y que, sin saberlo, estaría entre los libros que escribiría después, cuando tuviera 30, 40, 50 años, y que cambiarían, para siempre, el rumbo de la poesía chilena. 

Era un libro de Nicanor Parra.

El libro que escribió en 1940, cuando sólo tenía 26 años y quería optar al grado de profesor de Matemáticas y Física, en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

Una tesis que no parece tesis, sino que a ratos una novela encubierta sobre la vida y obra de René Descartes; un ensayo literario escrito con un lenguaje lleno de desparpajo y soltura, que por momentos parece incómodo en ese terreno de lo académico y que por eso se arranca, se desborda para dar paso a una escritura rápida y personal. La escritura del que sería el autor de Poemas y Antipoemas, el Premio Nacional, el Premio Cervantes, el candidato al Nobel, el hombre que lucharía para bajar del olimpo a los poetas, a la poesía.

René Descartes... es el segundo libro que escribió Nicanor Parra -después de Cancionero sin nombre (1937)- y que no está en sus Obras completas, sino que está ahí, guardado hoy en los estantes de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. Una tesis universitaria que en realidad es otra cosa: el origen de una obra, escrita por Parra antes de ser Parra, antes de inventar la antipoesía.


                                                                                                           ***


El 14 de octubre de 1940 Nicanor Parra entrega la tesis. Por estos días, Ediciones UDP está en conversaciones con el poeta para publicar su trabajo en prosa, incluido este libro.

-En 2012 empezamos a revisar las distintas tesis que teníamos en la biblioteca y nos encontramos con varias, entre ellas la de Nicanor Parra, así que decidimos exponerla para los alumnos -cuenta Jeanette Concha, directora de la Biblioteca de Humanidades de la Universidad de Chile. 

Fueron alrededor de seis meses, entre fines de 2012 y principios de 2013, que la tesis estuvo expuesta.

-La idea era que los alumnos supieran qué material hay en la biblioteca, que descubrieran esos libros, que a esta altura son patrimonio de la universidad. Y la tesis de Parra lo es. El libro se puede leer dentro de la biblioteca, pero no sacar del lugar -explica Concha.

A pesar de que la tesis está desde hace años, sólo había sido pedida en una oportunidad. Y, claro, puede ser que en realidad como texto científico quizá no aporte mucho, pero si uno la lee con un interés literario, por ejemplo, se encuentra con otra cosa. Con algo valioso. Con una rareza que ni los estudiosos de la obra de Parra conocían.

-Lo cierto es que éstas son las primeras noticias que tengo de la tesis de Nicanor Parra sobre Descartes, que no sólo es un pensador, sino que un prosista impecable, asombroso. Los primeros capítulos del Discurso del método son memorables, lo mismo que sus Meditaciones metafísicas y sus cartas y escritos varios. Creo que es un hallazgo lo de la tesis -dice Matías Rivas, director de Ediciones UDP, editorial que publica a Parra y que hoy está preparando un libro con la prosa del antipoeta, entre la que se incluiría esta tesis.

Tampoco el crítico español Ignacio Echevarría, quien estuvo a cargo de armar las Obras completas, tenía noticias de este libro. Se mostró sorprendido, de hecho, cuando lo contactamos para comentarle sobre esta tesis.

Y es que, por ahora, en ningún texto crítico sobre la obra de Parra hay registro de esta obra.Parece un libro que nunca existió, un relato de juventud, simplemente una investigación universitaria. Pero su valor es innegable: leer unas pocas páginas y sentir que ahí está latiendo lo que vendría después: el lenguaje de la tribu, la cadencia particular de la antipoesía, la fluidez del lenguaje. Parra. Nicanor Parra. El mismo que 14 años después publicaría Poemas y antipoemas.



                                                                                                        ***



“Así como cuando uno va al correo y en la calle se encuentra con un amigo y se va con él a dar una vuelta por la plaza, (resulta que) me he quedado yo a medio camino (en esta empresa). Como el muchacho que quiere levantar cien kilos y no puede con la mitad. Así me ha sucedido al acometer este trabajo que primitivamente se llamaba LA MATEMÁTICA CARTESIANA, o algo por el estilo, título que obedecía a la primera intención con que lo inicié”.

Así empieza René Descartes…Un joven Nicanor Parra, una voz autobiográfica, las primeras palabras que escribe en un prólogo donde nos anunciará las principales líneas que tratará en su tesis: la vida de Descartes, sus ideas, sus teorías. Un poco más de 100 páginas escritas con máquina de escribir, varias páginas corregidas con lápiz pasta, con la letra imprenta de Parra, como ocurre en ese primer párrafo con las palabras escritas entre paréntesis. Palabras tachadas. 

Luego sigue explicando los motivos por los que ha decidido escribir una tesis sobre Descartes y su figura y su obra, y no sólo sobre la matemática cartesiana. Escribe: “El tema se avenía con la asignatura que yo había estudiado sistemáticamente cuatro años seguidos. Además, la trascendencia filosófica de la cuestión se acomodaba con ciertas inquietudes que durante mis años de estudiante me han llevado a explorar algunas obras que no son las estrictamente escolares. Cabe decir, el asunto me gustaba y me hallaba en condiciones de abordarlo con cierta esperanza de no tomar el rábano por las hojas. Sin embargo, como cuando uno anda de compras y le falta en el centro la plata, me he quedado yo a medio camino”.

Ése será, finalmente, el tono de la tesis: entre la seriedad de una investigación universitaria y ciertas frases coloquiales que convierten el texto en un relato más personal. 

La tesis está dedicada a Amador Alcayaga, quien fuera rector del Internado Nacional Barros Arana, donde estudió Parra y donde trabajó como inspector, mientras iba a la universidad. Eran los años 30, en los que preparaba Cancionero sin nombre, en los que había creado, junto a unos amigos del internado, Revista Nueva, en la que publicó algunos de sus primeros poemas. Eran tiempos de lecturas surrealistas, de Federico García Lorca, tiempos de formación, en los que se repartía entre la poesía y sus estudios universitarios. En esos años escribió la tesis, mientras no sólo se formaba en el área de la poesía, sino también, sobre todo, en la filosofía, lo que le permitía analizar la obra de Descartes sin miedos, sin guardarse opiniones. Escribe: “Intentó entregarnos un sistema que nació antes de tiempo. Pronto cayó en descrédito. El cartesianismo es hoy día un arrinconado cadáver de biblioteca. Pero esto no daña la gloria del filósofo. Le bastó el Discurso del método, en donde echa en forma definitiva las bases del racionalismo, para consagrarse en un eminente sitio de inmortalidad”.

Los mejores momentos de la tesis, sin duda, son cuando se dedica a narrar, cuando usa imágenes desconcertantes como ejemplos, cuando evita replicar el lenguaje de los otros filósofos y él se adueña de las ideas,  como en este párrafo en el que describe a Descartes: “Estatura escasa, cabeza grande, abundante y caída cabellera negra. Rostro ovalado, frente alta y ancha, ojos separados, severos y meditabundos, boca grande, belfo el labio inferior. Nariz prominente,  bigote y perilla al uso de los militares. Traje negro y sencillo. Metódico en su trabajo y en su economía”. 

Está la ironía de Parra a lo largo del texto, está la mirada crítica también, y la lucidez, por supuesto.

Entrega la tesis el día 14 de octubre de 1940 al profesor Carlos Videla. El texto tiene un epígrafe que dice: “La ciencia aborda el mundo de lo real. La filosofía, además, el de lo posible”. No anota de quién es la frase, pero ahí está el libro, corregido, entregado. Años después irá a estudiar a Estados Unidos un posgrado en Física y luego se convertirá en uno de los poetas más importantes de Chile. Pero eso no lo sabe el joven de 26 años que, seguramente, fue feliz a entregar la tesis para poder convertirse en profesor. No es difícil imaginarlo: entregar la tesis, sentirse tranquilo, quizás ir a celebrar con sus amigos del internado, pasar la tarde en eso, en la alegría. 14 años después iba a publicar Poemas y antipoemas y su vida sería otra.

miércoles, 16 de julio de 2014

CRONOS (Nicanor Parra)



En Santiago de Chile
Los
      días
            son
                 interminablemente
                                              largos:
Varias eternidades en un día.

Nos desplazamos a lomo de mula
Como los vendedores de cochayuyo:
Se bosteza.  Se vuelve a bostezar.

Sin embargo las semanas son más cortas
Los meses pasan a toda carrera
Ylosañosparecequevolaran.

sábado, 5 de julio de 2014

El poeta inextinguible



Un sorprendente hallazgo, el poema Temporal, nos pone en pie de celebración muy poco antes de que Nicanor Parra cumpla 100 años.
FUE el poeta Adán Méndez quien por pura casualidad dio con Temporal, el magnífico poema de Nicanor Parra que estuvo perdido por 25 años.Revisaba Méndez unos casetes en los que el antipoeta conversaba con René de Costa, cuando, caramba, surgió la voz de Parra declamando no una, sino dos veces, el texto completo de una obra que se suponía extraviada. Los versos correspondían a Temporal, poema extenso que, entre otras cosas, habla de las inundaciones que afectaron a la ciudad de Santiago en 1987 y que, visto en perspectiva, establece una especie de preámbulo a la portentosa voz que Parra estrenaría en sus Discursos de sobremesa, libro publicado en 2006 (los textos allí contenidos están fechados entre 1991 y 1997).
Es precisamente la variedad de voces que confluyen en Temporal la que le da a este libro el carácter de único. Aquí, hasta el río Mapocho tiene algo que decirle al lector. Tras declarar que es “turbio por fuera pero cristalino por dentro”, el Mapocho concluye que “por enormes que sean las ofensas / Acepto la basura / Toda la ñoña de la población en silencio / De cuando en vez eso sí / Me disfrazo de río caudaloso / Para asustar a los asustadizos / Entonces es el rechinar de dientes / En mi sagrado derecho que estoy me parece / De reclamar lo que siempre fue mío / ¿O no, dicen ustedes?”.
parra.jpg
Aquellos lectores que por razones de edad no tengan mayores referencias del terrible invierno santiaguino de 1987, encontrarán en este libro algunas de las claves no tan sólo de la cruenta estación, sino que de toda una época que llegaba a su fin. Quienes, por el contrario, aún conservan frescos en la memoria los sucesos de aquel año infausto, sabrán apreciar el tremendo valor documental del poema. La memoria, la memoria colectiva, se ve remecida con estos versos, y es por eso que uno llega a pensar que tal vez fue para mejor que Temporaldesapareciese por algunas décadas y reflotara hoy.Pocas veces un texto poético había conseguido dar ecos testimoniales con igual profundidad, acierto y humor.
En un poema titulado Urgentemente se necesita, el hablante requiere “Alimentos no perecibles / Hechos además de palabras”. Luego, en No culpemos a nadie, el que escribe alude precisamente a lo contrario: “Alguien que hizo todo de la nada / Quiere que ocurran estas tonteras”. Más adelante, en Miren, surge una imagen memorable: “Nunca se había visto nada igual / Una avioneta amarrada a un sauce / Para que no la arrastre la corriente”. Temporal concluye con Opiniones del hombre de la calle, una serie de 21 alocuciones en las que Parra, efectivamente, logra uno de sus más ambiciosos objetivos, el de convertirse en “la voz de la tribu”. En una de ellas se insta a lo siguiente: “Hagamos una vaca / Para ayudar a los damnificados / Que Don Francisco se haga cargo del muerto”.
Como cabía esperar de un cuadro de época completo, el trasfondo político no está ausente de los versos de Temporal. Además de varias alusiones a aquellos gobernadores coloniales que consiguieron detener la furia del Mapocho, alusiones que en ocasiones sirven de contrapunto con el actuar del gobierno del momento, las pullas a la actualidad de 1987 (el fin de la dictadura) son notorias: “Derrotaremos a la naturaleza / Tal como derrotamos a los marxistas”. Y en un poema titulado No se dejen engrupir por los comunistas, la ironía es lancinante: “Ustedes saben que esos son capaces / De aprovecharse del dolor ajeno / Para sacar dividendos políticos / El gobierno verá lo que se hace / Por el momento calma y buena letra”.
La oportuna publicación de Temporal, un poco antes de que Nicanor Parra cumpla 100 años de edad, puede llevarnos a pensar que entre todas las celebraciones que lo homenajearán como corresponde, el antipoeta se las arregló, una vez más, para darle un giro sorprendente al asunto: somos nosotros, sus lectores, los que hemos recibido el regalazo.

domingo, 29 de junio de 2014

El poema que Parra perdió hace 25 años


En el año en que el antipoeta cumple un siglo, se publica Temporal, un largo poema de 1987, social y político, sobre las fuertes lluvias que inundaron Santiago.

por Roberto Coreaga C. - Diario La Tercera, 14/06/2014 
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Fueron cinco días agitados. Impregnados de religiosidad, pero sobre todo muy políticos. La visita del Papa Juan Pablo II, en abril de 1987, desató masivas pasiones cristianas, como también protestas contra el régimen de Pinochet de eco mundial. Desde su casa en La Reina, Nicanor Parra siguió los pasos del Pontífice con tanta atención que terminó escribiendo el poema La sonrisa del Papa nos preocupa. “Nadie tiene a derecho a sonreír / en un mundo podrido como este / salvo que tenga pacto con el Diablo”, empieza. Parra, como siempre, estaba con un ojo en la calle. Después del Papa, fue el furioso temporal que por 11 días de julio azotó la zona central, generando inundaciones y damnificados, el que capturó su preocupación. También sobre eso escribió un poema. Largo,  social y político. Pero ese se perdió. 
“Se traspapeló”, dijo en más de una ocasión Parra a sus cercanos, refiriéndose a ese texto con el que creía haber logrado lo que siempre había buscado: sacudirse por fin de todos los rastros literarios para acceder a la realidad. Creía haber puesto en el papel el “lenguaje de la tribu”,  ese que venía acechando desde mediados de los 50, cuando publicó Poemas y antipoemas. Un año después, en 1988, se sentó frente al crítico español René de Costa en Chicago y, ante una grabadora, el antipoeta dijo que ese poema se llamaba Temporal. 
“Es un poema largo, es un libro. Temporal se llama y  está todo hecho en lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu... En último término, lo que me interesa a mí es la crítica social. Es una necesidad impostergable en mí, es decir, yo no quiero ser un fotógrafo de las imágenes oníricas, sino que quiero ser la voz de la tribu, y no tan sólo la voz de la tribu, sino que la conciencia de la tribu”, dijo el escritor. 
Ese diálogo grabado no se perdió, pero casi: De Costa guardó los cassettes sin revisarlos. El año pasado, el editor y hombre de confianza de Parra, Adán Méndez, tuvo acceso a las conversaciones. Su plan era transcribirlas para publicar un libro con el contenido -lo que hará este año a través de su sello Ediciones Tácitas-, pero se encontró con algo inesperado: el antipoeta no sólo hablaba varias veces de Temporal, también lo leía. Dos veces. Entero. “Cuando apareció, Nicanor quiso que se publicara de inmediato”, cuenta Méndez. “El poema le importa mucho, él sabía que había batido nuevos récords”, agrega.
En el año en que Parra llega al siglo, y lo celebran exposiciones de sus artefactos, libros visuales y nuevas ediciones de sus títulos, Ediciones UDP publica Temporal. A 10 años de Lear Rey & mendigo, lo último inédito del antipoeta, este texto viene a echar luz del tránsito de renovación que recorrió en los 80: atrapando las modulaciones verbales del sentir social del país durante el temporal del 87, Parra supera al personaje que asumió en Sermones y prédicas del Cristo del Elqui y se acerca a su verdadera voz, que luego explotará en los Discursos de sobremesa. 
Por esos días, Parra vivía en su casa de La Reina y bajaba periódicamente para dar clases en el Departamento de Estudios Humanísticos, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Sólo en 1996, con 82 años, dejó la docencia. Entre sus amigos cercanos, seguía estado Enrique Lihn. A fines de los 80, ya era el gigante que hoy es, pero se aparecía con frecuencia por recitales y ferias. Justo ese año, 1987, el poeta Sergio Parra publicó La manoseada y el antipoeta, tras leerlo, lo invitó a su casa. 
Parra empezó ese año en Madrid, dando un recital en el Círculo de Bellas Artes, en el marco de la exposición Chile Vive. En una entrevista con El País, se definió como un “ alfabetizador ecologista” y clamó por la destrucción de la Tierra. De España viajó a Estados Unidos, donde participó en la II Feria Latinoamericana del Libro en Nueva York: “Oíste Nueva York algún día me vengaré de ti”, leyó de un artefacto ante público  entusiasmado. También se encontró con viejos amigos: leyó con Allen Gingberg en la iglesia que ocupa el centro The Poetry Project. 
Luego partió a Chicago, invitado por René de Costa: “Parra es como respirar aire fresco”, dijo el crítico al presentarlo. Cuando regresó a Chile, lo esperaba un país encrispado, el gobierno militar se asomaba al final. Llegó Juan Pablo II y él escribió un poema. El último día de junio empezó a llover y no paró hasta 11 días después: cayó más agua que en todo un año, se salió el Mapocho, se cortaron caminos y puentes por toda la zona central, 175 mil personas quedaron aisladas. Parra intentó llevar la tragedia al papel, pero sobre todo los discursos que corrieron sobre el aguacero: las informaciones oficiales del Estado, las noticias de prensa, la conversaciones callejeras, las lecturas políticas, las interpretaciones históricas, etc.
“En este momento estoy casi convencido de que, por fin, se inventó la poesía social”, le dijo Parra a De Costa al año siguiente, feliz por Temporal. “Es el lenguaje de la tribu, que no es un lenguaje poético ni es un lenguaje literario, sino que así habla la gente. La sensación que tengo es que estoy aterrizando por primera vez y que vengo desde la literatura hacia la realidad, de que por fin estoy en la RR, en la realidad real”, añadió. 
Quizás efectivamente lo logró. En cualquier caso, Parra siguió ajustando su escritura, pasado los 80 años, en los Discursos de sobremesa. No se detiene. Mes a mes, acumula cuaderno tras cuaderno. Hay kilos de papeles inéditos, que todavía hoy, a los 99, sigue aumentando. No para. “Toda la antipoesía es un tartamudeo”, le dijo a De Costa. “Y lo que resulta es que el tartamudeo, si tú revisas, cada vez el tipo parece que construye mejor su discurso. Y al final ya el discurso está aceptable”, añadió

sábado, 28 de junio de 2014

Temporal

Columnistas
Diario El Mercurio, Sábado 28 de junio de 2014

Temporal

"Un inédito de Nicanor Parra, aunque sea breve, es siempre una magnífica noticia. Temporal, escrito en 1987, recién ahora, y gracias a la aparición de unas entrevistas grabadas de la época, ha sido recuperado. Su existencia era conocida, porque el autor se refirió muchas veces a él con conceptos del estilo de los citados en la contraportada..."